27 de marzo 2001 - 00:00

Fritze dirigió notable "Inconclusa"

Orquesta Sinfónica Nacional, director: Ulrich Fritze. Obras de Ludwig van Beethoven, Johannes Brahms, Franz Schubert y Georges Bizet. (23/3, Fac. de Derecho.)

El director berlinés Ulrich Fritze no es el típico «toco, cobro y me voy». Este discípulo de Herbert von Karajan vino al país con la debida anticipación y dio «clínicas» de perfeccionamiento para las cuerdas de la Sinfónica, y debe haber puesto especial énfasis en la sección de violas, que era su instrumento cuando ingresó en esa perfección conocida como Filarmónica de Berlín.

Tal vez para lucir su trabajo con las violas programó una obra que carece de violines en su orgánico, la Serenata N° 2 en La Mayor Op. 16 de Johannes Brahms, uno de los logrados intentos del compositor en busca de su lenguaje sinfónico. Un notable equilibrio y homogeneidad sonora logró Fritze de nuestros músicos, que se extendió a los violoncellos, las maderas y los cornos. En cambio, la versión de la Obertura «Egmont» Op. 84 que Beethoven escribió para representaciones del drama de Goethe fue algo estrepitosa.

Desde ese concentrado y sombrío inicio, con violoncellos y contrabajos en cuerdas graves con los que Schubert emociona en la «Sinfonía Inconclusa» se intuyó que era la obra de la noche. Rara vez, en una orquesta local, se puede disfrutar de esa fluidez para exponer bellas melodías y hasta crear una atmósfera que coincida con la nostálgica música.

Carmen

La suite de la ópera «Carmen» de Bizet, con siete números de los más brillantes, permitió el lucimiento de todos los sectores de la Sinfónica; emprendieron la obra con gran entusiasmo, y no decayó hasta el final. Correctos los bronces y la percusión; gran refinamiento en la página cantada por arpa y flauta, y elocuencia en los violines.

Orquesta y director fueron ruidosamente aplaudidos, y para sorpresa de todos se dispusieron a ofrecer un «bis» -lo que nunca ocurre-con esa "Danza Húngara" de Brahms que la mayoría de las orquestas extranjeras tienen en su repertorio, y no puede fallar.

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