García Márquez, en su nueva novela, vuelve a hacerle un regalo a la mirada central- europea con el telón de fondo de un continente que sigue siendo real maravilloso.
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Y funciona así, como lo prueba el encanto que genera en el lector, que perdona, en aras de esas sensaciones que produce una prosa impecable, única, la ligereza del conjunto, la materia canallesca del relato y hasta algún error de composición, que algún crítico amigo se encargará de encubrir como un hallazgo de la escritura de Informate más
El colombiano es uno de los últimos narradores que le puede dar un uso plausible -para el tiempo en que se vive hoy-a esa herramienta en crisis que es la escritura de ficción. Usurpada por el relato de entretenimiento, hay que ser muy escritor para sacarle algo a esa arpa vieja y desafinada que es la prosa de ficción. Ahí está el valor que le reconoce el lector a este ¿Es lo mejor del autor? Tampoco, pero a un hombre que en la vida escribe un libro bueno tampoco hay que pedirle que repita todos los años. ¿Es lo último? Sí, es lo último quizás de este género. El año que viene se cumplen 50 años de la primera novela de
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