ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

13 de marzo 2007 - 00:00

"Gusta mucho que a Dios lo encarne una mujer"

ver más
En «Loteo», obra que se exhibe en el Celcit, Rita Terranova interpreta a un Dios que se entretiene jugando con el azar, y en «Cloro», que se estrena en abril, hará de una escritora «solterona y excéntrica».
Dos obras de Víctor Winer tendrán este año por protagonista a Rita Terranova. La primera es «Loteo», que se está exhibiendo en el Celcit (Bolívar 825) los viernes y sábados a las 21. En este unipersonal, la actriz le pone el cuerpo a un Dios que se entretiene jugando con el azar y orquesta una historia de amor entre dos desconocidos. El otro texto de Winer, «Cloro», será estrenado el 7 de abril en el Centro Cultural de la Cooperación, con dirección de Kado Kostzer. Con Celeste García Satur, Enrique Iturralde y Nilda Raggi completando el elenco. En este caso, la elogiada intérprete de «Chejov-Chejova» y de «El diario de una camarera» -obra que representó durante cinco años, incluso en España-deberá encarnar a una escritora de novela rosa. «Es una solterona mal avenida y algo excéntrica que se encuentra paralizada ante la hoja en blanco cuando recibe la visita de una jovencita dispuesta a debutar como novelista», amplía la actriz. Ese encuentro estimulará la imaginación de la escritora y en sus fantasías aparecerán dos figuras emblemáticas de los años '40 y '50: Esther Williams, la gran diva acuática de Hollywood y el músico Xavier Cugat. Ganadora del Premio Trinidad Guevara 2004 por su labor en «El jardín de los cerezos» de Chejov, con dirección de Hugo Alvarez, la hija del recordado Osvaldo Terranova dice haber dudado mucho antes de decidir sus siguientes trabajos. «Fue algo muy especial, por eso tenía que elegir muy bien mis obras número 66 y 67».

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Periodista: Casi setenta obras... impresiona un poco.

Rita Terranova: Es que yo debuté en teatro a los 14 años y de allí en más no paro de trabajar. Por ser hija de actores, ése fue mi ambiente natural. Cuando era chica, disfrutaba ir con mi padre al teatro viernes, sábados y domingos, verlo prepararse en su camarín, ir a charlar con las actrices o ayudarlas a vestirse. Y, después, estar en el primer palco disfrutando cada vez que un actor me hacía un guiño durante la función. Para mí era la gloria.

P.: Eso la haría un tanto rara ante los otros chicos.

R.T.: Sí. Primero porque en mi casa se leía mucho. Yo leí toda la obra de Shakespeare y otros autores siendo muy chica. Pero además nuestro sistema de vida era muy distinto, mi madre también había sido actriz y yo recuerdo que quince días antes de un estreno a mi papá no se le podía hablar, se lo mimaba y se lo cuidaba hasta el día del debut, que era una fiesta y a la que todos íbamos arregladitos . Siempre lo acompañamos en sus cosas y pasó lo mismo conmigo. Las chicas de mi colegio hablaban de otras cosas... a mí no me importaba la moda, ni ir a bailar, por ahí me atraía más comparar la obra de Leonardo con la de Miguel Angel. Por eso cuando entré al teatro me sentí muy acompañada, allí encontré gente con los mismos intereses.

P.: Sin embargo, sus padres no parecían muy excéntricos...

R.T.: En absoluto. Mi familia era muy organizada, bien al estilo italiano, con los almuerzos de domingo y esas cosas. Mis padres estuvieron juntos toda la vida y además eran muy estrictos con respecto a mi educación. Sólo me permitían hacer teatro si no me llevaba ninguna materia. Y yo cumplí.

P.: Háblenos un poco más de «Loteo».

R.T.: Mi personaje es Dios y se dispone armar una historia de amor entre un hombre y una mujer que no estaban destinados a encontrarse. Ambos viajan en un colectivo de larga distancia. El baja a estirar las piernas y descubre un cartel de loteo. Entonces, decide quedarse y comprar un lote. Ella es una chica que sigue viaje en el mismo colectivo y está muy deprimida porque tiene que volver a casa de sus padres. Al llegar se da cuenta que por error hubo un intercambio de valijas y que a ella le entregaron la del otro pasajero.

P.:
La anécdota es simple pero, al menos leyéndolo, se trata de un texto muy poético, con imágenes casi cinematográficas.

R.T.: Sí, es un texto muy bello, no sigue una rima pero tiene ritmo y musicalidad y se entrelaza muy armoniosamente con citas de César Vallejo y de Federico García Lorca. Por otra parte, gusta mucho que a Dios lo encarne una mujer.

Entrevista de Patricia Espinosa

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias