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22 de enero 2008 - 00:00

Homenaje a Duchamp, a 90 años de su visita al país

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«Fresh Widow», semi ready made de Marcel Duchamp, figura excepcional que encarna el azaroso período de la vanguardia y la neovanguardia, el arte y el antiarte, la cultura superior y el Kitsch.
Marcel Duchamp (1887-1968) es una figura excepcional que encarna el azaroso período de la vanguardia y la neovanguardia, el arte y el antiarte, la tradición y la invención, el orden y la aventura, la cultura superior y el kitsch. Su obra constituye una de las más hondas reflexiones acerca del arte y la sociedad en el siglo XX.

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Con motivo del 90 aniversario de su estadía en la Argentina, el Fondo Nacional de las Artes (Alsina 673), expone un homenaje hasta fin de enero «Duchamp en Buenos Aires». Aquí realizó el ready-made «Estereoscopía a la mano», «El Pequeño Vidrio» y un set de piezas de ajedrez, que fue el momento en que inició su pasión ajedrecística.

  • Otra muestra

  • Luego, a mediados de año, Proa presentará una muestra con más de cien objetos, fotografías y documentos del excepcional creador y pensador francés que, a comienzos del siglo XX, replanteó las nociones tradicionales de obra y artista.

    Si es cierto que nació junto a las vanguardias y que participó -lateralmente-en algunas de ellas, también es cierto que murió cuando las vanguardias, de cuyo impetuoso devenir se había alejado, estaban en el ocaso como órganos de cultura. Silencioso, recóndito, enemigo de oropeles y estruendos, obtuvo en sus últimos tiempos un reconocimiento quizá superior al que gozara en la belle époque.

    Los activistas del arte pop y, más tarde, del conceptualismo, encontraron en Duchamp a un ídolo fundador y un modelo. Unos días antes de cumplir 80 años, en 1967, Duchamp elogiaba el arte pop y se decía encantado de desempeñar la misión de prototipo de estos jóvenes creadores.

    Hasta entonces, al cabo de seis décadas, apenas se habían realizado cinco exposiciones de su obra: serían las únicas, pues iba a morir en el otoño de 1968. Esas muestras individuales se organizaron en los Estados Unidos, excepto una, quizá la mayor, celebrada en la Tate Gallery de Londres (1966).

    Pueden señalarse cuatro momentos en la saga creadora de Duchamp. Al cabo del primero (1902-12), abandona la pintura; en el segundo (1913-23), deja sin terminar la que debía ser su máxima obra postpictórica, «El Gran Vidrio», aunque lleva a cabo la revolución de los ready mades; sobresalen en el tercero (1925-49) las experiencias ópticas y, sobre todo, las poéticas-lingüísticas; el cuarto y último, es el de los objetos y las ambientaciones (1950-66).

    Duchamp empieza a pintar a los quince años, deslumbrado por la obra de Monet y Cézanne. Más tarde, atraído por Matisse, se sumerge en el Fauvismo. Hacia 1911 incursiona en el Cubismo. Según se advierte, Duchamp es así un testimonio de las primeras vanguardias estéticas. Pero es entonces cuando lo asedia «el deseo de romper las formas, de descomponerlas, de ir más lejos, mucho más lejos que los cubistas, y aún en una dirección totalmente distinta. Así desemboqué en el 'Desnudo' bajando una escalera, y más tarde en mi 'Gran vidrio', 'La novia puesta al desnudo por sus solteros'».

    Cuatro obras de Duchamp, entre ellas, el 'Desnudo', se exhibieron en el Armory Show de 1913, importante muestra internacional de arte moderno habilitada en los arsenales de un regimiento de infantería, en la puritana ciudad de Nueva York. La hostilidad del público y de la prensa fue descomunal, y se reiteró en Chicago y Boston, al presentarse una versión abreviada de la exposición. Sin embargo, tanto en Nueva York como en aquellas dos ciudades, el «sucèss de scandale» resultó el «Desnudo» de Duchamp, cuyo nombre se destaca, por ese solo motivo, por encima del de Picasso, Braque, Kandinsky y otros. Al mismo tiempo, entre los jóvenes artistas norteamericanos, Duchamp queda consagrado.

    Apenas instalado en Nueva York, a mediados de 1915, inicia la ejecución de «La novia...» Es un díptico, vertical, que mide 2.70 m por 1.70 m; sobre soporte de vidrio, las imágenes están trazadas con óleo e hilo de plomo. Durante ocho años (con intervalos) trabaja Duchamp en «La Novia...», hasta que en 1923 retorna a París y lo deja inacabada definitivamente, en poder de Walter Arensberg, a cambio del alquiler del estudio, que este coleccionista había pagado. Pero un nuevo azar intervendrá en la obra : en 1926, «La Novia...» es transportada en camión; los dos paneles de vidrio son colocados uno encima del otro, sin el embalaje y los cuidados necesarios; con el traqueteo del camión, los vidrios se rajaron. Más tarde, el propio Duchamp, quien tomó los resultados del accidente por un valor imprevisto añadido a la obra, iba a reconstituirla uniendo los pedazos, enmarcando ambos paneles con listones de acero y protegiéndolos entre cristales.

    En 1956, frente a «La novia...», que se conserva en el Museo de Arte de Filadelfia, decía: «Cuanto más la miro, más me gusta. Me gustan sus grietas, su manera de propagarse. Tienen una forma, una arquitectura simétrica.»

  • Decisión

    Sus obras culminantes fueron los ready-mades, vocablo de neto origen comercial que atañe a la producción en serie, adoptado por el autor con un obvio criterio desacralizante. «Rueda de bicicleta», « Farmacia» y «Secador de botellas» pasan a ser los primeros ready-mades de Duchamp y la más breve definición es del propio autor: «Objeto usual ascendido a la dignidad de objeto artístico por simple decisión del artista».

    El más famoso ready-made fue el urinal esmaltado que presentó en 1917, con el título «Fuente» y bajo seudónimo (R. Mutt), en la primera muestra de la Sociedad de Artistas Independientes, de la que formaba parte. Como no podía ser rechazada ninguna obra, según los estatutos de la Sociedad, el jurado, ignorante del verdadero nombre del autor y escandalizado por el envío, lo ubicó detrás de un tabique, para que pasara inadvertido. Duchamp, quien tampoco debía revelar la paternidad de «Fuente», renunció a la Sociedad.

    En cuanto a los ready-mades rectificados, ninguno tan célebre como «L.H.O.O.Q»., de 1919, una reproducción de la Gioconda a la que Duchamp le agrega perilla y bigotes. Duchamp hizo esta obra cuya inscripción, pronunciando en francés el nombre de cada letra, compone, al decir de Duchamp, «un chiste muy atrevido sobre la Gioconda» en su etapa dadaísta, y así se la sigue citando.

    En el tercer y cuarto momentoque distinguimos en su producción, la obra de Duchamp es más espaciada. Las experiencias ópticas cubren quince años («Rotativa placa de vidrio», 1920; «Rotativa semiesfera», y «Anemic Cinéma», 1925; «Rotorrelieves», 1935). Hacia 1932, se convierte en jugador profesional y teórico de ajedrez.

    A comienzos de la década del 50 produce sus objetos en yeso tratado: «Objeto-dardo», «Hoja de parra hembra», «Sello de castidad», de fuerte carga erótica; a finales del decenio, crea una serie de objetos fantásticos: «With my Tongue in my Cheek», «Tortura muerta», entre otros. Mientras tanto, en 1953, ha aparecido el primer artículo acerca de él en la prensa de masas («Dada's Daddy», en la revista Life); y, seis años más tarde, en Francia, el primer estudio de su obra.

    En 1946 empezó a trabajar en la que sería su última creación: Dadas: 1. La cascada; 2, La luz de gas. El título, tomado de las notas escritas con motivo de «El Gran Vidrio» y editadas, en 1934 (Caja Verde), sugiere sin duda que esta ambientación de «Duchamp» es una continuación de «La novia....»

    Aún cuando el mundo del arte se reapropió de Duchamp, su obra, producida esencialmente entre las dos guerras del siglo, continúa planteando de modo ejemplar el problema de la supervivencia del arte en la sociedad de hoy, y turbando a quienes quieren mantener una continuidad con el arte del pasado.
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