Hopper, ícono del arte de EE.UU. y fuerte vendedor

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Nacido en 1882, Edward Hopper, el pintor símbolo de los Estados Unidos, fue contemporáneo de Pablo Picasso, pero su vida y su obra fueron totalmente diferentes a las del malagueño. Estudia con William Merrit Chase, uno de los postimpresionistas más extraordinarios, que pintaba la ciudad de Nueva York y sus personajes, siendo el Central Park el centro de su actividad. Pintor luminoso, nos recuerda al valenciano Sorolla. También lo marcan a fuego sus estudios con Robert Henri, otro norteamericano que crea un color propio para personajes que marcan el comienzo del siglo XX en Estados Unidos.

Hopper viaja a Europa dede 1906 a 1910 copiando en los museos y conociendo la obra de los impresionistas, que son su guía en los primeros años. En 1913 ya lo encontramos en su taller de toda su vida, en el 3 West de Washington Square. Allí trabajó con ahínco pero su producción es muy escasa, ya que era de lenta ejecución y también durante muchos años debió dedicarse a la publicidad para vivir.

Recién en 1923, y luego de una exitosa primera exposición, logra vivir íntegramente de su arte. Durante un tiempo abandonó la pintura y trabajó el grabado, convirtiéndose en un prodigioso trabajador de la punta seca, una de las técnicas más difíciles. Durante los veranos viaja a Cape Cod y sus paisajes de allí son un ícono de la pintura americana. Es el pintor de la condición humana, el que representa la soledad del neoyorquino. Sus escenas son lugares simples y conocidos: una habitación de hotel, un bar, una estación de servicio, un vagón de tren. Aunque no haya personajes se deduce que ahí vive alguien; el clima es denso y nadie puede pasar inadvertido frente a él. Se dice que todos los grandes directores de cine de la época, como Alfred Hitchcock y otros del cine negro americano se inspiraron en sus obras.

Pocas obras importantes de Hopper se encuentran en manos privadas. Hace dos décadas una de sus obras se vendió por primera vez en más de un millón de dólares (exactamente, u$s 1.320.000). Se trata de «Ventana de Hotel», un cuadro de buen tamaño (100 x 140cm), que fue adquirido por el coleccionista Malcon Forbes, dueño de la editorial económica, y que el año pasado se volvió a vender en 27 millones de dólares, es decir que su valor subió 20 veces en 20 años.

Su última gran retrospectiva se realizó en la Modern Tate Gallery de Londres, inaugurada hace siete años y desarrollada en lo que era una vieja usina de Londres sobre el río Tamesis. Allí sólo se exhiben obras realizadas a partir de 1900 y vale la pena recordar que en la exposición inaugural se lucía como el más moderno entre los paisajistas, un Claude Monet realizado en Giverny con sus clásicos nenúfares, lo cual confirma que la modernidad no está dada por edad del artista o época en que se realiza sino por el espíritu de quien crea la obra.

Sin duda, es uno de los artistas que tendrá una cotización sostenida en estos años porque, como se dijo ya, es símbolo de Estados Unidos y su obra es muy escasa. Por lo tanto, hoy la demanda supera con creces a la oferta.

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