Forma y función» (1972), Reconstrucción (2002): un ejemplo
del arte de Horacio Zabala.
Si se leen detenidamente los títulos de los textos y de las exposiciones de Horacio Zabala (Buenos Aires, 1943), que emigró a Europa en 1976 y regresó a nuestro país en 1998, se podría decir que son apocalípticos. «Catástrofe», «El Arte en Cuestión», «Futuro Imperfecto», «Salvar las Apariencias», «Argentina Carcelaria», «El Diseño de Basura», «Temperatura, Luz, Viento e Incertidumbre», «Materiales al Borde del Caos», «Imágenes de la Catástrofe», así como el de la portada del catálogo a su actual exposición, «Este papel es una cárcel» que data de 1972 y que en 1998 reformuló como «Hoy, el arte es una prisión».
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Zabala puso en evidencia cuestiones latentes en nuestra sociedad que más tarde se cumplieron, especialmente a partir de la segunda mitad de los 70. «Anteproyectos-1972-1978» se expone en la Fundación Alon bajo la curaduría de Fernando Davis y textos, entre otros, de María José Herrera.
«Este papel es una cárcel» está entre los antecedentes del cambio que se operó en cómo mirar el arte, es decir, quedar aprisionado entre la mera percepción o constituirlo como espacio de reflexión. La idea de prisión no era especulativa sino real y concreta, ya que la censura y la cárcel estaban instaladas. Pero en la obra de Zabala, como lo señala Herrera, «la cárcel y el confinamiento son tanto una reflexión sobre las condiciones sociales contemporáneas como una metáfora sobre la cuestión artística».
La soledad del artista, -cómo funciona el arte en la actualidad, en muchos casos es una cárcel impuesta por el mercado y la moda- pero también un sistema, un disparador que permite que los artistas se expresen, alerten, señalen. Mapas, dibujos de planos, sellos, obras ascéticas, mínimas, críticas sin entrar en lo panfletario, la presencia del lenguaje, absolutamente meditadas, producto de su formación como arquitecto, por ejemplo, los anteproyectos de cárceles subterráneas, la cartografía de «Tensión = Fuerza-Area» premonitoria en su momento y hoy de gran actualidad, «Argentina Empaquetada» (1974), los vacíos o fragmentaciones cartográficas de 1974, las botellas (una reconstrucción de una obra de 1972 con carteles: vino-agua-nafta, con una flor omnipresente), obra de carácter minimalista ya que como confiesa el artista «nunca tuve un espíritu barroco».
Quizás en esos años su obra podría haber sido considerada hermética, sólo para especialistas. Hoy, después de tanta invasión indiscriminada de imágenes, se agradece ese laconismo con el que se expresó y se expresa estéticamemente. Zabala alterna su trabajo personal con curadurías, organización de muestras, prólogos que revelan su capacidad como teórico. Viamonte 1465. Piso 10. Lunes a Viernes de 14 a 19.
«El Retrato-Marco de Identidad»- Retratos de la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes, es una exposición de cámara que permite revisitar distintos estilos, funciones y temáticas que este género ha asumido a lo largo de la historia del arte. Dividida en seis núcleos temáticos se inicia con «El Poder y su Imagen» que reúne obras del siglo XIX que obran a manera de documento y registro ya que aún no existía la fotografía.
Según el encuadre se podía distinguir el nivel del retratado como el de Juan Manuel de Rosas, de medio perfil, pintado por Carlos Enrique Pellegrini que hizo buena fortuna cuando se convierte en el retratista de los altos círculos de entonces. El de «Sarmiento» (anónimo) lo muestra como una personalidad avasallante.
En «Las edades» hay retratos de niños, ancianos, escenas cotidianas que revelan, como su título lo indica, el deseo de capturar un momento en la vida, un ejemplo es «Misia Mariquita», obra de gran expresividad de Emilio Centurión (1894-1970), obras de Severo Rodríguez Etchart (1865-1903), artista de la generación del 80 que, como Caraffa, Sívori, Malharro, Correa Morales, buscan en Europa la posibilidad de alcanzar el dominio de la pintura y la escultura.
En el núcleo «El espejo» se destaca «Retrato del pintor Sívori» de Bernardo Cesáreo de Quirós (1881-1968), refinados «Autorretratos» de Walter de Navazio (1887-1921) y Ramón Silva (1890-1919), la elegancia de Larco pintado por Héctor Basaldúa (1895-1976). Eugenio Daneri (1887-1972) en una austera visión de sí mismo, Miguel Carlos Victorica (1884-1955) y su sensible cromatismo, uno de nuestros grandes artistas que en sus años juveniles estudió con el francés Eugene Carriere del que lo atrajo su paleta baja, este artista está incluido en el núcleo «El Otro» con su óleo «Los Dos Amigos», pleno de correspondencia y ternura.
«¿Retratos?». Aquí Noe, Macció, Testa, responden que el género también despertó su interés, una visión contemporánea, ya lejos de la idea del parecido. La muestra se completa con una selección de fotografías que incluye nombres como Kuropatwa, Rivas, Facio, Stern, Saderman, López, Méndez Ezcurra. La portada del catálogo corresponde a «Retrato de Rosario» (1934) de Ramón Gómez Cornet (1898-1964), artista de sólida formación europea pero que a su regreso se planteó el dilema de expresarse de acuerdo con sus raíces.
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