Para Inés Estévez, Louis Armstrong es sinónimo de asado. O así lo dice su memoria emotiva. Recuerdos que la llevan hacia los primeros 70´s, cuando el almuerzo familiar de cada domingo se desarrollaba bajo la melodía de uno de los referentes del campo más popular del jazz. "Me sé de memoria varios arreglos de trompeta por escucharlos desde los tres años", asegura la artista a la hora de referenciar el momento en el que la música apareció en su vida. También recuerda que los miércoles su papá se iba a cantar jazz junto a los amigos por lo que, en la continuidad de los días, no parece raro que su debut solista, luego de realizar más de cincuenta shows junto a Javier Malosetti -su ex pareja-, sea un jueves. Se presenta el 1° de junio a las 20 en el Teatro Sony.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: ¿Vale la experiencia de la actriz a la hora de plantarse en un escenario como cantante o los nervios son los mismos?
Inés Estévez: Es completamente diferente. Cuando actúo tengo la protección del personaje. Ahora estoy más expuesta y desnuda. Cualquier error es de Inés.
P.: ¿Cómo te llevás con el error?
I.E.: Me ocupa mucho la mente el hecho de estar muy en calma para conectar con la posibilidad de disfrutar. Lo que sí sé es que si el que interpreta, siente: transmite. Se produce el feedback. La mente es una gran interferencia en el arte. Lo que me ocupa es sentir, poder interpretar la letra y acompañarla con mi sentimiento. No soy música, no tengo una formación académica. Pero es lo novedoso.
P.: ¿Cuándo sentís que una canción ajena se hace propia?
I.E.: La música es un elemento poderosísimo que logra transformar mis estados. La conexión se produce cuando escucho la melodía y, también, mientras practico la canción en la ducha. Si entiendo la letra, y la paso por las entrañas, la magia se produce ahí.
P.: ¿Hay temas que te gustan pero que sentís que no te quedan bien?
I.E.: Tenemos un repertorio que nos gusta tocar y que nos sale fácil. Pero la realidad es que no tuvimos tiempo de probar otras cosas. Tengo dos niñas, y una de ellas tiene problemas motrices. En psicomotricidad aprendí que si a ese principio de la física que dice "todo objeto necesita primero afirmarse para poder dirigirse", lo cambiás por "sujeto" también es aplicable a cualquier manifestación expresiva. Y si es artística, ni hablar.
P.: Te movés entre el jazz, el soul, la bossa nova y el blues ¿Crees que hay un género que te queda mejor?
I.E.: De a poco voy saliendo muy naturalmente de la melancolía del jazz tradicional para apoyarme más en el swing. Disfruto de ese acuerdo tácito entre los músicos y me asombra ser parte. Es como un vínculo amoroso. Es algo que se produce una noche, con la intención de que evolucione. Creo que el soul me queda bien. Es más femenino. Está ligado a la música negra de los 70. Y los negros son la raza maestra del swing. P.: ¿Tenés intención de hacer un disco?
I.E.: Ojalá. No tengo mayores objetivos que los de disfrutar. Veo que hay caminos típicos que los músicos hacen. Con Javier grabamos un disco, pero quedó en remojo.
P.: ¿Le temés al prejuicio de "la actriz que canta"?
I.E.: Es lo que más miedo me daba, pero luego de haber hecho cincuenta shows como dúo, le tengo un poco menos de temor. No es un espectáculo teatral y musical: hago jazz. Siempre me gustó cantar. Cuando era chica creía que diversificarme era dispersarme. Ahora lo siento enriquecedor. Mañana capaz que diseño zapatos (risas).
P.: Hace nueve años abandonaste la actuación y luego volviste con intervenciones más esporádicas. ¿Tenés intención de retomar ese rol?
I.E.: En su momento retomé para probar. No dependo sólo de esa profesión. Me gusta, pero tengo varios frentes. Voy a hacer dos capítulos de una miniserie de Netflix y una serie en Polka. Pero para mí actuar es como abrir una canilla. Lo que me apasiona es cantar.
Dejá tu comentario