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17 de agosto 2007 - 00:00

Interesante muestra de cultura mapuche

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«Mapuche-Arte de los Pueblos del Sur» está compuesta por importantes piezas (elementos rituales, platería, textiles y objetos cotidianos) del acervo de la Fundación Nicolás García Uriburu.
La exhibición «Mapuche-Arte de los Pueblos del Sur», que se realiza actualmente en el Museo de Arte Popular José Hernández está compuesta por importantes piezas del acervo de la Fundación Nicolás García Uriburu (Av, del Libertador 2373).

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Se ha editado un excelente libro-catálogo cuyo autor, Joaquín Molina, es el curador del Museo de Arte Precolombino de la Fundación mencionada; además de su trayectoria como pintor, ha curado importantes muestras y es el productor editorial de una vasta serie de libros relacionados con culturas ancestrales.

Los textos de Molina enfatizan el desafío que el pueblo mapuche tiene en el presente. Por ejemplo, conservar sus tradiciones y su identidad.

Parte de la colección exhibida abarca elementos rituales, platería, textiles, y objetos de uso cotidiano. La ilustración de esta nota corresponde a el «rewe» (poste escalonado), eje del universo que une el cielo, la tierra y el mundo subterráneo en correspondencia con una cultura que concibe el mundo como una serie de plataformas que definen esas tres zonas cósmicas.

«Kollonh» (máscaras), en madera y plata, «kultrunes» (elemento de percusión), « pifilcas», «quitras» de piedra ( pipas), figuras antropomorfas, «toki-curas»(insignias de mando que el cacique llevaba al cuello) son algunos de los nombres sonoros de la lengua mapuche reunidos en un glosario explicativo.

En cuanto a la vida cotidiana, el mapuche concibe una organización patriarcal de la familia en la cual los hijos varones representan su perpetuidad.. Viven en la «ruka» que tiene su entrada hacia el este, punto cardinal relacionado con el bien. Se destacan morteros, «trakal» (recipiente hecho con ubre de vaca), «shumel» ( calzado de cuero), las monturas con plata cincelada. Hay importantes elementos de cerámica como los «quetru metahue», recipiente en forma de pato que aun se fabrican como en el año 500 d.C.

Los mapuches se distinguen por un estilo reconocible en platería que tuvo su auge durante el siglo XIX. Entre las piezas destacadas, «trarilonko» (cintas de lana finamente tejidas decoradas con casquetes de plata), «ngutroes» (vinchas), «chaguai-chapel» (aros rectangulares, lisos, sin decoraciones), «llankatu» (cuentas o chaquiras multicolores), «tupos», «sekil» de tres cadenas, uno de los pectorales más vistosos y de mayores proporciones.

Así se llega a los textiles, una de las artesanías más vigentes, es a través de ellos que las mujeres se encargan de transmitir a las futuras generaciones el lenguaje de los símbolos, historias, mitos y mensajes, señalamos el «wirikanpotro» (frazada decorada con granjas de colores), el «makuñ» (poncho mapuche), que de acuerdo al diseño, da cuenta del poder y jerarquía de su portador, así como los «trarüwe», faja destinada a ceñir la figura femenina en la que la tejedora plasma los deseos y promesas que rodearán el cuerpo de las mujeres de la tierra.

En el final del texto de Joaquín Molina, éste señala la visión humanista, socialista, utópicade Nicolás García Uriburu que al crear su fundación y dar marco jurídico a las colecciones de arte de los pueblos originarios de América , reafirma su fuerte compromiso artístico y social.

  • En «Bolero-Pinturas y Textos» de Patricia Di Pietro exhibe pinturas de un dibujo esquemático de mujeres-niña con pestañas a la manera infantil, lágrimas (de sangre), peinado a lo «Hairspray», mejillas con «colorete», boquitas pintadas, espejos crueles, la figura materna marcándole un derrotero. Diván de sicoanalista. Hombres cuestionados. Ella, de pronto, levita sobre una pileta de natación ¿Estará por tirarse?

    Todo es nítido, ascético, en un mundo de colores rojos, celestes, verdes, grises, sin matices, la materia: una delicada espesura.

    También hay textos poéticos, una narración sin anestesia que puede seguirse paso a paso, quizás autobiográfica.

    Soledad, lamentos, abrazos, ilusiones, despojamientos, lo que cada mujer ve de sí misma en un espejo, la búsqueda del amor, «vivir y gozar en el paraíso» de su nido, la duda, el deseo de escaparse, el refugio del hombro amado, de repente, enfrentarse a la mentira y la traición, ruegos, el olvido y el fuego.

    Entre otras, se pregunta: ¿por qué en la vida amorosa de los sujetos comunes el dolor no duele con el mismo encanto que en un bolero como «Dos gardenias para ti»?. La autora invita a hundirse en unos tragos y el Wincofon que está en la galería a sumergirse en el baile. Elsi del Río-Arte Contemporáneo (Arévalo 1748).
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