18 de marzo 2005 - 00:00
Iris Echegaray: belleza y una técnica impecable
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En su nueva muestra «La presencia de lo invisible», Gladys Iris Echegaray exhibe una serie de monocopias sutiles y enigmáticas.
Echegaray siempre ha volcado la experiencia de sus viajes por civilizaciones que llevan aún la marca de lo enigmático, de allí la sutil presencia de los jeroglíficos mayas o de las inscripciones del Egipto milenario, que se constituyeron en lo invisible, un viaje interior. El color es lo primero que atrae la mirada para después empezar a «leer» transparencias, signos, símbolos. «Diarios de Viaje», «Creta», «Cánticos de Alabanza» contribuyen a que el contemplador, ahora muy invadido y consecuentemente confundido con tanta parafernalia tecnológica, encuentre un poco de sosiego, de diálogo, de intimidad con la obra, quizás consigo mismo. Palais de Glace-Salas Nacionales de Exposición (Posadas 1725). Clausura a fin de mes.
El Espacio de Arte de Tono Rojo (Eduardo Schiaffino 2183) inicia su segunda temporada bajo la curaduría del crítico Julio Sánchez que ha seleccionado alrededor de doce fotografías de Estela Izuel. Nacida en La Plata, ha ganado el Tercer Premio Fobica Canon para amateurs en 1999, año en el que también le fue otorgada una beca de la Fundación Antorchas, el VI Premio Fundación Klemm (2002) y el Primer Premio Chandon (Córdoba 2004) exhibido en el Museo de Bellas Artes Emilio Caraffa.
«Ojos de Agua-Ojos de Cielo» está constituida por tomas directas de retratos de amigos y parientes de diversas edades que tienen como fondo una visión fragmentada de una pileta de natación cubierta. La cámara se concentra en cuerpos y rostros de adolescentes, jóvenes y de personas muy alejadas de la dictadura de cirugías o lipoaspiraciones. Izuel no busca situaciones ni composiciones sofisticadas y en los retratados que miran fijamente a la cámara, no aparecen sus sentimientos, están difusos, como lo señala Izuel cuando observaba a los personajes en el espacio también difuso del agua.




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