Iris Echegaray: belleza y una técnica impecable

Espectáculos

A propósito de la muestra de Gladys Iris Echegaray, «La Presencia de lo Invisible», recordamos palabras de Aída Carballo: «En el grabado no entran las estupideces, pasa como con los instrumentos musicales, hay que ponerlo todo y estar bien alerta». Es por eso que esta serie de monocopias recupera y saca a la superficie la verdad de un espíritu sensible. En una artista de tan vasta trayectoria es ocioso señalar su oficio impecable, su adhesión a las técnicas tradicionales sin que esto signifique que su obra se ha quedado en el pasado.

Echegaray
siempre ha volcado la experiencia de sus viajes por civilizaciones que llevan aún la marca de lo enigmático, de allí la sutil presencia de los jeroglíficos mayas o de las inscripciones del Egipto milenario, que se constituyeron en lo invisible, un viaje interior. El color es lo primero que atrae la mirada para después empezar a «leer» transparencias, signos, símbolos. «Diarios de Viaje», «Creta», «Cánticos de Alabanza» contribuyen a que el contemplador, ahora muy invadido y consecuentemente confundido con tanta parafernalia tecnológica, encuentre un poco de sosiego, de diálogo, de intimidad con la obra, quizás consigo mismo. Palais de Glace-Salas Nacionales de Exposición (Posadas 1725). Clausura a fin de mes.

• Daniel Fitte

Cada vez es más grande, disperso y hasta diríamos inabarcable, el circuito de espacios para la difusión de obras de artistas tanto consagrados como emergentes. Esta tendencia ya iniciada en los '80 por algunas galerías e instituciones abrió el juego, y hoy están borradas las fronteras para la exhibición de nuevos medios y nuevas tecnologías coincidentemente con expresiones tradicionales lo que conforma un panorama plural y vital.

En marzo, Wussmann Galería de Arte abrió su segundo espacio en Venezuela 570. Edificio de la época colonial que ha sido magníficamente reciclado y donde funciona la papelera del mismo nombre, apropiado para la instalación que presenta
Daniel Fitte (1960).

Nacido en Sierras Bayas, provincia de Buenos Aires, estudió en la Escuela Municipal de Artes Plásticas de Olavaria y con los maestros
Miguel Galgano y Jorge Melo. Su instalación es un homenaje a su pueblo natal donde desapareció su principal industria, el cemento. El marco edilicio ayuda a que esta instalación se convierta en una suerte de altar ante el que se venera lo que queda, en el que ronda el fantasma de los sin trabajo, la imagen de la desesperanza. Pero Fitte no necesita del panfleto. Solamente los guantes gastados, agujereados de los obreros, en simétrica acumulación, baldes, cubetas, bolsas vacías apretadas y atadas en una suerte de cadalso. Una obra austera y conmovedora acompañada de pinturas que, mostradas individualmente, rozarían lo convencional. Sin embargo, con su cromatismo que remite al de Policastro, ocres melancólicos, Fitte nos interna en el paisaje exterior, desolado, que rodea a la cementera. Hasta el 20 de abril.

• Estela Izuel

El Espacio de Arte de Tono Rojo (Eduardo Schiaffino 2183) inicia su segunda temporada bajo la curaduría del crítico Julio Sánchez que ha seleccionado alrededor de doce fotografías de Estela Izuel. Nacida en La Plata, ha ganado el Tercer Premio Fobica Canon para amateurs en 1999, año en el que también le fue otorgada una beca de la Fundación Antorchas, el VI Premio Fundación Klemm (2002) y el Primer Premio Chandon (Córdoba 2004) exhibido en el Museo de Bellas Artes Emilio Caraffa.

«Ojos de Agua-Ojos de Cielo»
está constituida por tomas directas de retratos de amigos y parientes de diversas edades que tienen como fondo una visión fragmentada de una pileta de natación cubierta. La cámara se concentra en cuerpos y rostros de adolescentes, jóvenes y de personas muy alejadas de la dictadura de cirugías o lipoaspiraciones. Izuel no busca situaciones ni composiciones sofisticadas y en los retratados que miran fijamente a la cámara, no aparecen sus sentimientos, están difusos, como lo señala Izuel cuando observaba a los personajes en el espacio también difuso del agua.

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