29 de marzo 2005 - 00:00
Jaoui: "El inicio de un film es como una obertura musical"
-
Prime Video: la nueva película de suspenso psicológico con Luisana Lopilato que es furor
-
Mirtha Legrand volverá a ausentarse de su programa: cómo sigue su salud
Agnès Jaoui: guionista de films de
Alain Resnais, saltó a la fama con «El
gusto de los otros». Ahora continúa
su carrera como directora con «Como
una imagen».
Jaoui, que tanto en los libros como en los sets suele trabajar en tándem con su ex esposo Jean Pierre Bacri, comenzó a llamar la atención con sus guiones para Alain Resnais («Smoking/No smoking» y, sobre todo, para el film «cantado» «Yo conozco la canción»), saltó a la fama mundial con la magnífica «El gusto de los otros», en la que debutó como directora, y que en la Argentina hizo casi tantos espectadores como en España e Italia. Su nuevo film, «Como una imagen», continúa el mismo esquema de comedia de costumbres contemporánea, un enjuiciamiento a la clase media intelectual, a partir del personaje de una muchacha excedida de peso que es el detonante de la acción. Dialogamos con ella durante su breve paso por Buenos Aires.
Periodista: Sus personajes siempre están dependiendo de la mirada de «los otros». ¿Empezó usted a dirigir porque no soportaba la mirada de un «otro» en sus guiones?
Agnès Jaoui: Es muy posible. A los 29 años escribimos con Bacri «Cuisine et dépendances», nuestro primer guion, y el productor nos preguntó si queríamos realizarlo nosotros mismos. Dudamos, teníamos miedo, y terminamos delegándolo. En París existe el prejuicio de que la pelicula de un director debutante no es buena. Pero es cierto que cuando vi el resultado final no lo sentí como un trabajo mío. «Un aire de familia», que vino después, tuvo un director talentoso como Cédric Klapisch, pero él también distorsionó muchas cosas. La música, por ejemplo, ¿por qué eligió esa musica? Y bien, finalmente, un gigante como Resnais, que más allá de toda la admiración que uno pueda sentir por él, pese a todas las magníficas ideas de puesta que a mí no se me hubieran ocurrido, en fin, también tuvo cosas que me distanciaron de lo que yo quería. Así fue que me impuse tomar el toro por las astas y salir a dirigir, con la conciencia de que sería yo la responsable de todos los errores. ¡Por fin pude elegir completamente al elenco, la música!
P.: ¿Y ya no se interpuso nadie más?
A.J.: Nunca eso es total, sobre todo en el cine. Yo controlo, pero del otro lado están el jefe de vestuario, el jefe de sonido, el jefe de decorados, una multitud de «jefes» con su propia personalidad. Todos los «gustos» puestos en juego. Con los actores ocurre algo parecido. Hay actores que ponen todos sus esfuerzos en tratar de interpretar lo que quiere el director, pero también hay otros que, por el contrario, no soportan actuar sin dejar su marca personal que los distinga. Eso ocurre frecuentemente al ensayar o aun al filmar.
P.: ¿Siempre sabe de antemano qué papel será el suyo en uno de sus guiones?
A.J.: Cuando uno escribe comedias de multiples personajes, siempre aparecen uno o dos que son, para Jean Pierre y para mí, los que representan el punto de vista del autor aunque no nos lo propongamos. De modo que siempre se van perfilando nuestros personajes. Hasta el momento no he tenido la seguridad suficiente de cederle a otro actor lo que sería el punto de vista del autor.
A.J.: La música, para mí, es tanto o más vital que el cine.Yo provengo de una escuela de teatro y del conservatorio de música clasica.
P.: ¿Eligió por algún motivo en especial el aria «Ella giammai m'amò» del «Don Carlo» de Verdi en su película?
A. J.: Seguramente. Le elegí no sólo por lo bella que es sino por su significado, el del amor no correspondido. Pero esto a veces plantea algunos problemas técnicos.Yo quería que la empezara cantando un personaje y que luego continuara oyéndose durante una escena protagonizada por Lolita [la muchacha obesa], pero desgraciadamente el montaje no lo permitió. La correspondencia entre lo que dicen algunas músicas y lo que está ocurriendo en la película a veces tiene correspondencia pero en otros casos es inconveniente, porque ese tipo de relación corre a veces el peligro de ser demasiado mecánica, y hay que evitarla.
P.: Sus escenas de apertura siempre son muy definidas. ¿Las trabaja con más dedicación que otras?
A.J.: El comienzo de un film tiene que marcar el tono. Es como una obertura, o la primera línea de una novela. En nuestro cine tienen que definir a un personaje.Por ejemplo, la entrada de Mia Farrow en «La Rosa Purpura de El Cairo» de Woody Allen es magnífica. Ella ve el letrero de una película al que se le desprende una de las letras, y eso ya es toda una definición de lo que será su personaje. Creo que lo que le ocurre a Lolita en el taxi, con ese chofer malhumorado en la escena inicial, también da la pauta de lo que será su personaje.
P.: No es difícil que a alguien le pase algo así con un taxista parisiense.
A.J.: Ah, sí. es verdad. Adoro París pero no a todos los parisienses. La verdad, no entiendo por qué son tan malhumorados nuestros taxistas.
P.: ¿También es real ese programa de televisión que mezcla literatura con vedettes?
A. J.: Absolutamente. Cada vez proliferan más esos programas que mezclan escritores con casos policiales, entrevistas a políticos y bailarinas. Una vez concurrió el ministro Michel Rocard y le preguntaron si él creía que hacer sexo oral con otra persona que no fuera el cónyuge era adulterio, y el respondió que no.
Entrevista de Marcelo Zapata




Dejá tu comentario