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Desde luego, la cobertura argumental del film hace admisible, según la moral Hollywood, esa maraña de sentimientos encontrados, porque el príncipe azul con el que se casa, y que la redime de su destino de mesera, termina siendo muy negro: un marido golpeador de la peor calaña, un malandra que hasta maneja una red nacional de matones, que no dejan de perseguirla cuando ella, desesperada y con moretones, huye del hogar junto a su hija.
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