4 de marzo 2005 - 00:00

José Nun: "La Secretaría de Cultura era un descontrol"

José Nun
José Nun
El Secretario de Cultura José Nun (que desde su nombramiento compensó los mediáticos exabruptos de su antecesor Torcuato di Tella con un obstinado silencio) dedicó ayer casi tres horas a exponer, sin pausas, el rumbo que desde diciembre le impuso a su área. Y empezó por explicar su parquedad, porque decidió que «había que hacer un cambio de orientación muy fuerte». Nun dijo que es un lugar común hablar de la destrucción del Estado, y que demorarse «para reconstruirlo, ordenar sus reparticiones, regidas por una lógica perversa de destrucción, debería satisfacer a la gente. Pero esto no tiene prensa, y si la Secretaría de Cultura se aboca a convertirse en un organismo eficaz durante seis meses, van a decir que no hicimos nada en ese período. Por esta razón nos resignamos a marchar más lentamente y dedicar tiempo a ordenar la Secretaría».

En principio, agregó, a «cortar el gasto en una consultora externa» contratada por Di Tella, y a tratar de recuperar algunos pagos, además de tratar de ahorrar los 2 millones de pesos en contratos («ñoquis»), que heredó del anterior Secretario. Si bien evitó mencionar la cifra pagada en consultoría externa, Nun la calificó de « importante».

Los problemas administrativos de la Secretaría no son novedad. Pero Nun contó que a través de un decreto del año 2000, se creó la «gigantesca Dirección General de Administración», y que paradójicamente, «una dirección que debería servir para controlarla, la de Asuntos Sumarios, dependía de ella». Ahora se va a reestructurar este departamento, y «para cuidar las espaldas» nombró a Lidia Getino como auditora interna.

Pese a que la Secretaría se librará de los «ñoquis», el secretario está intentando recuperar vacantes para nombrar personal de planta, y así regularizar la situación de muchos empleados que desde hace años están «injustamente» resignados a la precariedad de los contratos. También informó que al llegar se encontró con que la Secretaría adeudaba al personal el pago de bonificaciones desde 2001, y que ahora le resta todavía pagar 2003 y 2004. «Hoy, las irregularidades se están controlando y, de hecho, la SIGEN y la Auditoría General van a iniciar sumarios administrativos», anunció.

Para ejemplificar en pocas palabras el «descontrol» reinante en el organismo, dijo que se encontró con que en 1999 se había creado la Comisión Domingo Faustino Sarmiento, para editar la obra completa del autor, sin advertir que ya en ese entonces, la Universidad de La Matanza la había publicado completa. Cuando Nun se reunió con la persona que está a cargo de esa Comisión, se enteró de que completaron cuatro tomos, que están a disposición de quien los quiera publicar. «La dirección de Artes Visuales, dedicada a otorgar permisos de exportación de arte» (muchas veces cuestionables, como se destacó en estas páginas) «hizo poco y nada en estos años y tendrá ahora un funcionamiento pleno», aseguró. Sobre el Museo Nacional de Bellas Artes, anunció que se concursarán la dirección artística, administrativa y general, una vez que hayan solucionado problemas administrativos de escalafón. «Por ejemplo, que al director artístico se le puedan pagar más de 500 pesos».

Con el presupuesto arrasado, «salvo un resto que quedó del Congreso de la Lengua» pero con la seguridad de que «no nos va a faltar dinero», según le prometieron el Presidente y el jefe de Gabinete, Nun comenzó a diseñar su propia política cultural. Antes que nada (como sus antecesores) habló de la vocación federal. Sin embargo, comentó un detalle: «Me resultó curioso que no se pensara en lo elemental: no existía un banco de datos para saber qué necesidades básicas tienen en el interior. Cuando reuní a los secretarios de Cultura de las provincias, me dijeron que esto era fantástico, porque el de Mendoza no tenía trato con el de San Juan, con quien podría realizar intercambios».

Con este criterio, el de potencializar esfuerzos, se enviaron formularios a las provincias, para saber en qué proyectos trabajan y cuáles son los montos asignados, datos que se volcarán en una página web. Luego, con financiación del BID y la intención del secretario de trabajar con otros ministerios, como Justicia, Educación, Acción Social y Turismo, entre otros, se está confeccionando el Mapa Cultural de la Argentina; el primer CD, donde figuran todos los museos e instituciones culturales, ya está terminado.

Consultado sobre el proyecto de convertir el edificio de Correo en un centro cultural, con formato similar a las bienales de arte,
Nun respondió con una sonrisa amplia. «Todo ese proyecto» (el diseñado por Telerman-Lavagna que estaba en desacuerdo con el de Nun-Gustavo López) «quedó atrás», afirmó contento. «Ahora, en el edificio del Correo se creará el Centro Cultural del Bicentenario, y José Martí (ex director de la Fundación Antorchas), será el representante de Cultura para ese proyecto, junto con un arquitecto que nombró Economía».

Según Nun, la celebración del Bicentenario, a cargo de Cultura y el Ministerio del Interior, será importante, al punto que además de llamar a concurso de ideas y arquitectónico internacional para el edificio del Correo, está buscando un lugar para construir un pabellón don de aspira mostrar «Ejercicio Plástico», el mural que pintó el mexicano Siqueiros (que al secretario le resulta sumamente «erótico»).

Para el final del encuentro, después de revelar que su gestión estará especialmente focalizada en los jóvenes, se reservó la «parte que mí más me gusta»: la creación de la Unidad de Proyectos Especiales, que entre otras actividades, anunciará dentro de 30 días, junto con la Secretaría de Medios, una programación para Canal 7.

El ciclo comienza con « Clásicos al atardecer» (gestión del subsecretario
José María Paolantonio), que reúne en plazas para escuchar música un promedio de 13.000 personas, y que proseguirá mes a mes con folklore, jazz y otros ritmos. Entre los anuncios figura el contrato al teatro Fiodor Volkov de Rusia, y un programa de animación cultural, que comenzará con las becas y subsidios, hasta ahora, «otorgados de manera desmañada» y que serán seleccionados por un jurado a partir de este año.

Según el subsecretario
Paolantonio, cuando Nun lo nombró le dijo que quería hacer una gestión que 'convoque a la alegría'. Y con ese criterio, gestó el programa «Argentina de punta a punta, de la Quiaca a Ushuaia», que consiste en encuentros multidisciplinarios de diez días, donde no podían faltar los consabidos murales.

Aclararon que
«esta vez no serán pintados por jefes y jefas, sino por las familias, y luego de una clase magistral de los artistas que enseñarán los rudimentos de los materiales y el lenguaje». Estos encuentros, con artistas «de primer nivel» (según Nun), se realizarán en ciudades sin costas, «pues para las que tienen puertos, ya firmamos un acuerdo con la Armada y la Fragata Libertad llevará músicos, artistas y titiriteros que actuarán en los muelles. Además, proseguirá el convenio con las escuelas del interior para fundar orquestas juveniles (la ambición de Di Tella), y diseña un proyecto para «el mal llamado Camino del Inca», pues considera que debe ser mirado con perspectiva integral, más allá de ser un tema de patrimonio.

Finalmente,
Nun dijo que se va a reunir en Brasilia con Gilberto Gil, «para cerrar algunos acuerdos y promover otros, como 'Amazonia-Patagonia', que son dos puntos extremos, y, sobre todo, para fijar políticas culturales en común». Con infinita paciencia explicó entonces la posición de la Secretaría (acaso porque difiere de la de la Cancillería), sobre la diversidad cultural. Aclaró que considera la cultura un bien preferente, que no debe estar atado a las mismas leyes del mercado mundial, aunque no a ultranza, para que no se sumen los subsidios agrícolas.

Criticó la posición globalizante de EE.UU., Nueva Zelanda y Japón («un
retorno al iluminismo porque no rescata la individualidad de las personas, como el romanticismo, y es una vuelta atrás en el tiempo a una cultura universal, igual para todos»). Así habló el Secretario.

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