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Mientras en países como Francia o España, los edificios públicos que más se construyen son museos y se protege el patrimonio fabril, barrial, rural, religioso y hasta el paisaje que lo rodea, en la Argentina hasta los bienes incluidos en el listado del Patrimonio Mundial de la UNESCO corren el riesgo de que les retiren la nominación.
Un ejemplo son los conjuntos jesuíticos de San Ignacio y Santa Ana en Misiones, que en 1984 ingresaron a la lista del patrimonio mundial y ahora pueden perder ese rango. Las razones que esgrime la UNESCO son atendibles. Aducen que mientras el organismo destinaba 50.000 dólares para realizar un estudio de consolidación del terreno, la poderosa voz de
Lejos de eso, en nuestro país se da la paradoja de que la autoridad máxima en preservación, la presidenta de la Comisión de Monumentos Históricos,
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