Se refiere, claro, al espacio de privilegio que alcanzó el grupo que tuvo acceso a las becas Kuitca o Antorchas y adquirió visibilidad en el Centro Cultural Rojas, pero inmediatamente saltó al circuito de la calle Florida con el apoyo del ICI y la galería Ruth Benzacar, cuna de jóvenes y sofisticados coleccionistas dispuestos a invertir tiempo y dinero en un arte emergente.
Beneficios a los que se sumaron las ediciones de libros dedicados a analizar sus obras y el ingreso a los circuitos internacionales.