21 de mayo 2001 - 00:00

"La poesía cantada está volviendo a estandarizarse"

Dina Rot.
Dina Rot.
(18/05/2001) Definitivamente instalada de nuevo en Buenos Aires, tras un largo período de vivir en España, Dina Rot ha editado un nuevo álbum con música sefardí, un género al que ha consagrado buena parte de su carrera de cantante. En diálogo con este diario, Rot dice que este disco que se llama «Buena semana» y que presentará con un recital el lunes próximo en el ICI (Florida 943), «es muy distinto a 'Una manu tumó l'otra'» (una selección de poemas en ladino de Juan Gelman y Clarice Nicoidsky que ella misma musicalizó y grabó bajo ese nombre en España). «Hice una larga investigación para elegir el repertorio, tomé canciones en ladino de muchas partes del mundo, y con el arreglador Esteban Morgado buscamos una mayor simpleza sonora, para que las canciones aparecieran en su plenitud».

Periodista: ¿Se trata de rescatar canciones olvidadas en un idioma también prácticamente olvidado?

Dina Rot: No, para nada. Muchas de estas canciones se siguen cantando. Y el idioma ha tenido últimamente un fuerte impulso. Cada vez hay más poetas que escriben en esta lengua, hay muchas publicaciones en ladino, en Israel, pero también en España y en otros países de Europa.

Nostalgia

P.: La poesía cantada que fue tan masiva en los '60 y '70 ¿es una expresión sólo de nostálgicos?

D.R.: Aquello fue maravilloso. Porque a partir de la canción, mucha gente conoció a gente como Neruda, Vallejo, Machado, Lorca, León Felipe, Blas de Otero, Miguel Hernández, Rafael Alberti, y la poesía dejó de ser patrimonio solamente de una élite. Por cierto que durante mucho tiempo, esa manera de expresarse perdió popularidad, pero me parece que, afortunadamente, está volviendo a valorizarse.

P.: Pero, además, muchos de los cantautores que trabajaban en esa línea tenían un fuerte compromiso político y social que ahora está como pasada de moda.

D.R.: No creo que sea tan así. Es cierto que si uno cantaba a Neruda o a Vallejo, aunque hiciera poemas de amor, los elegía por su compromiso más allá de lo literario. Pero creo también que pueden unirse ambas cosas en otros lenguajes. Cuando Fito Páez hace y canta una canción, está diciendo lo que siente y representando a su tiempo y a mucha gente; y ésa es también una forma de compromiso. Siempre son bienvenidos los artistas que hablan de la realidad. Habrá épocas de más o menos luz, pero los artistas siempre estarán reflejando, de algún modo, lo que sucede a su alrededor.

P.: ¿Por qué dejó de cantar mientras vivió en España?

D.R.: Fue muy duro. No conocía a nadie, estaba herida. En realidad, no fue una decisión, pero fue sucediendo. Me sentí cómoda trabajando como musicoterapeuta, aproveché toda la experiencia que tenía en educación y pedagogía.

P.: ¿Cómo armó el repertorio de «Buena semana»?

D.R.: Cuando decidí hacer un nuevo disco con música sefardí, me puse a buscar y a buscarme en las canciones. Ahí me di cuenta de que eran pocas las que sobrevivían, pero que sobrevivían muy bien. Hice una selección muy minuciosa, investigué, revisé colecciones de canciones, escuché grabaciones de distintos lugares. Y, a partir de tener el repertorio, busqué hacer algo simple, más transparente que mi disco anterior.

P.: ¿Lo va a presentar en vivo?

D.R.: Vamos a hacer un concierto para presentarlo el 21 de mayo en el ICI, donde estarán los amigos y alguna gente que quiera acercase. Quiero que las canciones maduren. Más adelante, aunque todavía no sé cuándo ni cómo, volveré a cantar en vivo, pero ya no solamente con este repertorio; quizás, incluso, vuelva a cantar obras de poetas españoles y latinoamericanos, como ya lo hice hace poco en España, donde fue muy bien recibido.

P.: ¿Le molesta que la gente la identifique como la madre de Cecilia y de Ariel Roth o como la suegra de Fito Páez más que por su trabajo personal?

D.R.: No, para nada. Porque ellos son todos muy talentosos -Fito tocó también en mi disco-y se han ganado con toda justicia el lugar que ocupan. Me siento muy feliz y orgullosa de mis hijos. Nosotros somos muy llorones y a mí Cecilia y Ariel me hacen llorar muchas veces de emoción; vibro con sus éxitos y sus fracasos. Porque, además de buenos artistas, son gente humilde, con una enorme modestia, que le escapan al cholulismo.

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