15 de enero 2004 - 00:00

"La sonrisa de Mona Lisa"

«La sonrisa de Mona Lisa» («Mona Lisa Smile», EE.UU., 2003; habl. en inglés). Dir.: M. Newell. Int.: J. Roberts, K. Dunst, M. Gay Harden, M. Gyllenhaal.

L
a sonrisa de Julia Roberts es menos enigmática que la de la Gioconda, pero hoy ha de rondar un valor similar de mercado. Julia, en la última votación del público norteamericano, retuvo el primer puesto entre las actrices más populares, y es una de las pocas, también, cuyo cachet por película supera desde hace tiempo los 20 millones de dólares. Motivos para sonreír no le faltan.

Fuerza reconocer que, aunque menos enigmática, Julia tiene una sonrisa profesional y más adaptable a cada situación: la que luce en su nuevo film es triste y resignada, como corresponde a una historia ambientada en un college americano en 1953 (el de Wellesley), donde a las mujeres sólo se las educaba para atender a sus maridos y cuidar del hogar (o, al menos, eso es lo que da a entender el film, pero de allí egresó Hillary Clinton, entre otras amas de casa).

Su papel es el de una profesora de artes, partidaria de las expresiones más contemporáneas, como las pinturas de Jackson Pollock (aquellas a las que las autoridades del college califican despreciativamente de «salpicaduras»), y que debe ponerse al frente de una clase en la que la mayor parte de las alumnas, del tipo « marisabidillas» (como diría Fernando Fernán Gómez), comparte en general el ideario de vida de sus superiores.

No es demasiado difícil, tras ver los primeros diez minutos del film, adivinar todo lo que va a ir ocurriendo: la oposición que tendrá Julia en los primeros tiempos, la hostilidad que le manifestarán algunas alumnas insoportables, del estilo de la Etelvina de Jacinta Pichimahuida (que aquí interpreta Kirsten Dunst), la triste simpatía que despertará en algunas « descocadas» y, sobre todo, su lucha diaria por cambiar la mantalidad, horizontes y expectativas de sus discípulas. Julia, en esas circunstancias, no puede desde luego lucir su sonrisa amplia y alegre; apenas, remedar la de Robin Williams en «La sociedad de los poetas muertos», de la que este film parece una «remake» en polleras tableadas.

•Tiempos

Es cierto que los tiempos han cambiado mucho pero, francamente, hay escenas que parecen un tanto extremadas. Por ejemplo, cuando una de las alumnas, siguiendo angustiada a un joven hasta su propio colegio, logra inmiscuirse en su habitación, se ve a un grupo de alumnos (robustos veinteañeros), arracimarse en la puerta y gritar con horror: «¡Aquí no pueden entrar chicas!». Seguramente, ninguno habrá seguido la carrera de marine.

Entre lo mejor de esta película amable, pero harto convencional, hay que apuntar la actuación de la cada vez más notable actriz
Marcia Gay Harden (que en «Río Místico» interpretaba a la pusilánime esposa de Tim Robbins): su breve papel como la anfitriona solterona, profesora de buenos modales, es un film aparte, y es ella quien juega la escena más divertida (el diálogo con el barman). También merece destacarse la impecable banda de sonido con temas de aquellos años, una época tan menospreciada por un guión que, de alguna forma, deja inferir que hoy estaríamos mucho mejor.

M.Z.

Dejá tu comentario

Te puede interesar