11 de marzo 2005 - 00:00

"Las troyanas", bien entendida y actuada

Ingrid Pelicori, una de las grandes actuaciones femeninas de esta puesta de «Las troyanas» (en versión de Jean Paul Sartre) que sin grandes innovaciones ni estridencias acerca la tragedia griega a todo tipo de público.
Ingrid Pelicori, una de las grandes actuaciones femeninas de esta puesta de «Las troyanas» (en versión de Jean Paul Sartre) que sin grandes innovaciones ni estridencias acerca la tragedia griega a todo tipo de público.
«Las troyanas» de Eurípides. Versión: J.P. Sartre. Trad.: I. Pelicori. Dir.: R. Szuchmacher. Int.: E. Tasisto, I. Pelicori,H. Peña y elenco. Dir.Arte: J. Ferrari. Esc. y Vest.: J. Ferrari. Dis. Ilum.: G. Córdova. ( Teatro «Coliseo».)

El horror de la guerra, su escandaloso sin sentido, es el eje temático de esta tragedia revisada por Jean Paul Sartre, en 1965. El recordado escritor, dramaturgo y filósofo francés, le dio un vigoroso giro político al texto de Eurípides (415 A.C) sirviéndose de él para condenar a la guerra, en general, y al gobierno colonialista francés en particular. Vietman y Argelia fueron sus referentes más inmediatos, pero es obvio que mientras el mundo siga girando no faltarán ejemplos que den cuenta de la vigencia de este valioso alegato antibelicista.

La versión que acaba de estrenar Rubén Szuchmacher, en el marco del Festival Konex dedicado a la Cultura Griega, expone con notable claridad los avatares de una guerra que culminará con la destrucción del pueblo troyano en manos de los griegos. En medio de una sugerente escenografía «retro» invadida por televisores con imágenes de guerra, son dos fuerzas las que prevalecen en escena: el dolor de las víctimas y el cinismo de los invasores.

La puesta de Szuchmacher deja oir las diferentes voces y la multiplicidad de intereses que se entrelazan en este drama cruel y definitivamente humano. Pero, los personajes que más se lucen -debido quizás a la interpretación política que introdujo Sartre- son aquellos que manejan un discurso esencialmente ideológico y una posición más distanciada y cerebral. En cambio, el coro de mujeres troyanas, con su abrumadora carga de dolor y sus permanentes lamentos exentos de musicalidad, corren el riesgo de agobiar al espectador en lugar de conmoverlo.

En compensación, la obra ofrece un variado espectro de personajes femeninos entre los que se destaca Hécuba, la reina troyana que aún en medio de la catástrofe sigue atendiendo a sus deberes de soberana. Elena Tasisto es la actriz ideal para este personaje. Su apasionado enfrentamiento con la individualista Andrómaca (gran desempeño de Ingrid Pelicori) y su violenta diatriba contra la engreída y astuta Helena (Diana Lamas) constituyen dos de las mejores escenas de esta puesta.

Pero también se destacan dos roles masculinos que permiten equilibrar el sofocante clima de lamentos que impregna a esta tragedia. Uno de ellos es Menelao, rey de Esparta, al que Helena abandonó para fugarse con el troyano Paris y al que Pablo Caramelo le aporta una sutil vis cómica de «cornudo» arrogante. El otro personaje es Talthíbios (el desalmado mensajero de los griegos) que gracias a la exquisita interpretación de Horacio Peña introduce una refrescante bocanada de humor negro en medio de tantas crueldades y desgracias.

En pocas palabras,
«Las troyanas» es un espectáculo sin grandes innovaciones ni estridencias, pero de impecable factura y accesible para todo tipo de público.

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