Los progresos que va logrando el personaje se ponen de manifiesto en la transformación de la desvaída figura del principio, que lucha ridículamente por amañarse un vestido con un enorme pañuelo: Lo más feliz del espectáculo es el número en el cual, desesperada, se pregunta qué hace toda esa gente que está en la platea mirándola y, aconsejada por una amiga, que la sostiene telefónicamente, ensaya diversos modos de captar la atención, disimulando el terror que siente con una supuesta seguridad de la que el personaje carece. El sketch es divertido e ingenioso.
Las penurias de las pruebas en las que compitió también son blanco de sus dardos, pero principalmente se ríe de ella misma.
Los textos que va intercalando entre los bailes y canciones desarrollan una historia cuya protagonista es la misma intérprete, ya que son de su autoría, como las letras de algunas de las canciones que entona, cuya música pertenece a
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