Desde el antiguo Egipto hasta T. S. Eliot y Borges, los gatos han sido siempre una figura central e ineludible en la cultura y el arte. Del mismo modo, no hay más que echar un vistazo a un día en la vida de Facebook para advertir la permanente presencia de los gatos, entreverados con las historias de miles de usuarios. Ese gato ancestral, ubicuo, encarnado en el “gato de Rodas”y habitante de un santuario, es el que preside el nuevo libro de poemas de Sandra Pien. Un gato que es todos los gatos pero que habita una isla en el mar Egeo, “atigrado y flojo, color canela desteñido, de indecisa edad andariega, como el dolor”.
Ese gato, pequeño coloso de Rodas, domina pero no es el único protagonista del poemario, que recorre un camino que permite intuir tantos hechos del pasado a cuyos detalles de complicidad, de vida vivida, de amor vivido, se nos permite asomarnos (“la confusión del título de esa obra/ en ese mayo de fin de tarde”). El gato siempre está y se cuela en esos recuerdos con la persistencia de un testigo claro, o aun de un sobreviviente que calla pero que sabe bien de qué se habla: “ofrecen atisbos del amanecer/ hilvanan inocentes y tenaces/ en el ritmo de sus huellas ocultas /el íntimo roce felino”.
Autora de “miborges.com”, “La fiesta del ser”, “Mascarón de proa” y otros títulos, Sandra Pien es una de las voces más atractivas y profundas en la poesía argentina contemporánea. “El gato de Rodas y otros santuarios desolados” lo confirma.
=Sandra Pien, “El gato de Rodas y otros santuaios desolados”. (Buenos Aires, Imprex, 2021).
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