Sergio Olguín: del policial a los relatos del conurbano

Espectáculos

Una narrativa que revela las huellas humorísticas e irónicas de Fontanarrosa, el recordado autor por el cual declara sentir admiración.

Hermanos que descubren que el padre era un delincuente, al estilo Bonnie and Clyde. El tachero hincha de Boca que siguiendo a su equipo a Japón se ve convertido allí en El Diego. El periodista que tiene que ir cada tanto a la clínica de Ivo Pitanguy a que le achiquen la nariz. Los padecimientos del hijo de una adivina. La chica que fantasea con el gran amor de su vida tiene a su tía lesbiana. Es lo que tratan algunos de los cuentos de Sergio Olguín en “Los hombres son todos iguales” (Tusquets). Olguín es periodista, narrador y guionista, lleva publicados 14 libros, donde se destacan la inicial novela “Lanús”, que dio lugar a la película “El mejor de nosotros”, la premiada “Oscura monótona sangre” y la serie policial de Verónica Rosenthal “La fragilidad de los cuerpos” (que en la serie de televisión protagonizó Eva de Dominici); “Las extranjeras” y “No hay amores felices”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué pasó de las novelas policiales a los cuentos feministas de “Los hombres son todos iguales”?

Sergio Olguín: No son cuentos feministas. Mis policiales son más feministas, tienen mayor presencia del universo femenino. La mayoría de los relatos de “Los hombres son todos iguales” son historias entre varones, de padres e hijos, de hermanos, de amigos, algo que últimamente no estaba haciendo. En general me dedicaba al mundo de la periodista Verónica Rosenthal, protagonista de mis últimas novelas, con sus amigas y novios. Un personaje muy metido en la actualidad de las mujeres. En este libro, tratándose de historias de varones, me gustó jugar con ese lugar común de muchas mujeres que dicen que los hombres son todos iguales.

P.: Que es un cuento que falta en el libro.

S.O.: No hay ninguno que se llame así, y en los cuentos no hay ningún hombre que sea igual a otro. Mi idea fue encarar las distintas formas de la masculinidad, como se para uno en el lugar de ser varón, que ya no es lo mismo ahora que hace veinte o treinta años. No es lo mismo ser varón en distintas épocas. En el libro hay cruces generacionales, sobre todo de padres e hijos; de esas formas nuevas de entender la amistad masculina y la hermandad, porque hoy los hermanos varones se vinculan desde un lugar distinto al pasado.

P.: Todos los cuentos son actuales.

S.O.: Es difícil desprenderse de los que uno es y donde está. Se es alguien de una época en un lugar determinado. A mí me gusta trabajar con el espacio en que me muevo. Trato de que mi narrativa esté vinculada a la ciudad, al barrio, a la calles de Buenos Aires, es donde me siento cómodo. Cuando en una novela tengo una escena en un lugar cerrado siento necesidad de sacar el personaje a la calle para divertirme, me aburro con el personaje encerrado. Mi narrativa está muy vinculada con el sur de la ciudad de Buenos Aires y los barrios del conurbano.

P.: Otra de las características es una mirada irónica de las situaciones y los personajes que llega a la comicidad.

S.O.: Hay cuentos que apuntan a lo humorístico y lo satírico, como Pinocho, el periodista de madera, o el del hincha de Boca que en Japón se vuelve Maradona. Admiro a Fontanarrosa. Después de Borges y Cortázar es él que como cuentos más obras maestras tiene. Hay en el libro influencia del humor fantanarrosiano, un poco inocentón y que apunta a destacar las zonas humorísticas de los personajes. A la vez, me gusta ir variando los tonos de los cuentos. El cuento permite encarar cada historia con un tono distinto, de forma diferente, que algunos sean más humorísticos, otros más trágicos, otros más testimoniales, algunos del género negro, que el lector no sepa con que se va a encontrar en el cuento siguiente. Hice una selección de once cuentos, como si fuera el equipo de los sueños en fútbol.

P.: ¿Todos ocurren en el conurbano?

S.O.: Se vinculan con otros textos míos como “Oscura monótona sangre” o “Lanús” en donde el conurbano tiene una presencia que no solo es el espacio sino que influye directamente en la historia, en las reacciones y las relaciones de los personajes. En el cuento “Ladrones de bicicletas” dos amigos que se reencuentran después de muchos años, uno vuelve al barrio a buscar un arma, no sabemos para qué, y recuerdan la adolescencia donde compartieron muchas aventuras, pequeños delitos, ahora uno es dueño de un bar y el otro un empresario. Ese choque de mundos tan distintos, de experiencias de vida tan distintas, están marcadas por una infancia y una adolescencia compartida donde se generaron los códigos de vida, los modos de relacionarse hoy de una forma franca, directa, empática.

P.: ¿Se despidió de Verónica, la investigadora de sus policiales?

S.O.: En este momento estoy escribiendo la cuarta historia de Verónica Rosenthal, que ahora tiene varios problemas personales. Sus novelas siguen conjuntamente su historia personal. En la tercera quedaba una situación medio rara con Federico, su amor eterno –por lo menos para él- donde acaso volvían a convivir. La cuarta novela comienza cuando ya están conviviendo y viven una crisis. Junto a eso hay un crimen que tiene que ver con los medios de comunicación. Matan al director de una revista y eso tiene que ver con espías, servicios secretos, con asuntos que uno puede encontrar en la realidad argentina. Y me estoy divirtiendo mucho contando la infancia de Vero, que a pesar de ser una chica de Recoleta tiene mucha calle porque pasó su infancia en lo de los abuelos en Villa Crespo, jugaba con los chicos del barrio, iba con el abuelo a ver los partidos de Atlanta. Verónica fue serie en la tele con “La fragilidad de los cuerpos”. Ahora hay el proyecto de una película de una productora belga. De “Las extranjeras”, la segunda novela, también hay una película en danza. En el último tiempo estoy trabajando mucho en guiones. Terminamos de hacer el de la próxima película de Gonzalo Tobal. Es la historia de un estafador y se va a filmar en Estados Unidos. Y mi novela “1982” la van a llevar al cine los hermanos Nicolás y Sebastián Carreras. Y estoy con esos proyectos de series que abrieron los streamings.

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