Lo artístico no le sienta al policial

Espectáculos

«Robando vidas» («Taking Lives», EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: D. J. Caruso. Int.: A. Jolie, E. Hawke, K. Sutherland, O. Martinez, T. Karyo, G. Rowlands.

Teniendo a Angelina Jolie más sexy que nunca, rodeada de un elenco notable, con un presupuesto más que generoso, una partitura de Philip Glass y la venia del estudio para filmar escenas de sexo y violencia tan fuertes, morbosas y retorcidas como les dé la gana, realmente no se entiende cómo los productores de esta película se las arreglaron para hacer algo tan inútilmente pretencioso, obvio y poco entretenido.

Probablemente la culpa la tenga el director D. J. Caruso, veterano de series de acción y misterio del cable como «Dark Angel» que buscó la manera más retorcida para contar las mismas situaciones de cientos de thrillers con psicópatas que son perfectamente familiares, pero que si están filmados como lo que son, por lo menos no lucen tontos y alcanzan un poco más de ritmo e intensidad.

El afán por lograr un film estilizado en lo visual (es decir, cursi) y vanguardista en lo narrativo (es decir, plomo) arruinó todas las posibilidades de un guión que sin ser la gran cosa, seguro daba para pasar un rato mejor. Al menos, la trama sobre una agente especial experta en psicópatas que utiliza a la víctima de un loco peligroso e inatrapable como carnada para luego enamorarse de él (y tener sexo muy poco seguro, lo que no es nada recomendable en la primera cita, aun si el galán es un Ethan Hawke con pinta de tener gripe), aporta dos o tres escenas violentas bien filmadas, a veces con algún truco para que la situación explote sorprendiendo al espectador en forma contundente.

Lástima que esos momentos sólo ocupen unos 10 minutos de los eternos 103 que dura el film, de modo que ese puñado de secuencias impactantes no ayuda al conjunto, y ni mucho menos sirve para perdonar semejante desperdicio de talento.

D.C.

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