José María
Muscari
estrena
«Fetiche»,
sobre una
fisicoculturista
mujer, pero
reconoce que
Tinelli se le
anticipó con la
idea del caño.
José María Muscari tiene 30 años, 21 títulos estrenados y una notoria predilección por lo «bizarro». En su espectáculo «Catch», por ejemplo, puso a varias actrices a luchar en el barro, y es autor de una miniserie erótica («Circo rojo») que se transmite los sábados a la madrugada, por el canal Playboy. Su último trabajo, «Fetiche», tiene que ver con el fisicoculturismo, y más específicamente con la vida de Cristina Musumesi, presidenta de la Federación de Fisicoculturismo, teóloga y diplomada en salud sexual. La obra forma parte del Proyecto Biodrama, que coordina Vivi Tellas en el Teatro Sarmiento (Avenida Sarmiento 2715) y subirá a escena el próximo sábado.
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Según anticipa Muscari «el espectáculo incluye aparatos de entrenamiento en musculación reales, música de todo tipo (sinfónica, electrónica, cumbia reggaeton, bolero pop) coreografías de fuerza y resistencia, canciones en vivo, proyecciones de video y un elenco femenino de lo más heterogéneo». Las actrices son Edda Bustamante, María Fiorentino, Hilda Bernard, Julieta Vallina, Carla Crespo y Mariana A.
Periodista: ¿Qué lo llevó a elegir la vida de esta mujer?
José María Muscari: Yo empecé a entrenar con ella por recomendación de Carolina Fal, y en los descansos hablábamos de teología y de cine porque ella es adicta a los DVDs, ve 5 ó 6 por semana. Me pareció un personaje muy complejo y contradictorio, por eso la dividí en seis mujeres a cargo de distintas actrices. Es una mujer que dedicó toda su vida a transformar su cuerpo en otra cosa de lo que es naturalmente, y a la vez se interesó por cuestiones espirituales. Su vida es muy interesante para un biodrama y me permitió reflexionar sobre el lugar de la mujer en la sociedad.
P.: El fisiculturismo tuvo su furor en los años '80.
J.M.M.: Yo creo que sigue en boga, sólo que ahora está asociado a lo sexual mientras en aquella época estaba ligado a lo deportivo. En «Bailando por un sueño» siempre aparecen fisicoculturistas acompañando a las bailarinas o haciendo strip tease con Nazarena Vélez. El fisicoculturismo televisivo está más asociado a la prostitución, el sexo, a la venta del cuerpo y la carne.
P.: Pero como deporte siempre tuvo sus detractores.
J.M.M.: Sí. Cristina fue una precursora en ese deporte y tuvo un problema con la Iglesia. Ella estudió teología en la UCA y no la dejaban recibirse porque suponían que al ser fisicoculturista se inyectaba drogas. Tuvo que rendir su última materia acompañada por dos abogados.
P.: Veo que incluyó un caño en el escenario.
J.M.M.: Sí, después de ver muchos videos de gimnasios pedí que hubiese una estructura con un caño. Pero, a las pocas semanas apareció el baile del caño en el programa de Tinelli. ¡No sabía que hacer! Lo dejo, no lo dejo... al final lo dejé porque en mi espectáculo tiene otro uso, acá no hay bailes eróticos. La productora de la sala me comentó que mis obras tienen la capacidad de captar lo que circula socialmente. Ya me pasó varias veces.
P.: ¿Qué opina de la piquetera Nina Peloso bailando en el caño? Podría ser parte de un espectáculo suyo.
J.M.M.: Bueno yo no tengo a una Nina Peloso en el caño pero tengo a Mariana A. («Tumberos») actuando en el Complejo Teatral de Buenos Aires. Es la primera travesti que actúa en un teatro oficial.
P.: ¿Representa la ambigüedad sexual de la protagonista?
J.M.M: Eso tiene que ver más con el que la mira que con lo que es Cristina en realidad. Además de un cuerpo musculoso, ella tiene una voz muy particular por la suplementación que fue tomando toda su vida para crecer muscularmente.
P.: Usted está habituado a abordar temas tabúes y a manipular el morbo del espectador con fines artísticos. ¿No siente que la realidad lo supera?
J.M.M.: A mí como creador me interesa mucho que mi obra dialogue con la realidad porque creo que es la única posibilidad de llegar al público, de verdad. Hay que poder diferenciarse de esa realidad o cotejarse con ella, pero no se la puede ignorar, sino el teatro se vuelve ingenuo. Lo que más me gusta de «Fetiche» es que dialoga y toma cosas de la realidad, pero con un nivel de sensibilidad que no está en nuestra comunicación diaria.
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