Helène (Carole Con escasos indicios, se percibe de inmediato el desasosiego en ese matrimonio. Como si faltara algo, la televisión anuncia embotellamientos en la ruta a Tours, fórmula ideal para que cualquier malhumor, cualquier reproche, estallen súbitamente y se transformen en un combate. Antoine, harto de que la hilera de autos avance a paso de hombre, toma un desvío de manera inconsulta. Helène se lo recrimina, cada vez más agria. Y, a la segunda parada en un bar de la ruta, cumple con su amenaza: desaparece del coche, con el anuncio de que va a seguir viaje sola, en tren. Algo que, como sabremos, nunca llegará a hacer.
En esa extensa escena a la que se aludía al comienzo, en la que Antoine va probando cada vez más angustiosamente una posibilidad tras otra ( destacamentos de policía, estaciones ferroviarias, hospitales, etc.), el espectador va siguiendo, reconstruyendo con él, el mapa imaginario de una tragedia presagiada mucho antes de esa desaparición.
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