Si bien las pinturas son brutales expresiones de la enajenación de la época y encajan con presición en el contexto actual, la exposición está montada con sabiduría, con un orden que contrasta con el caos que exhiben las obras. No se trata de cuadros elegidos al azar, sino de pinturas que cuentan una historia desesperada y dialogan entre sí.
En esencia, el tono de la muestra no es deliberadamente político, ni se trata de un alegato. Es un conjunto de obras de excelente nivel que ostentan un sentido filosófico, histórico, psicológico, social, artístico y también, además, político.
En la última década, con su virtuosismo, una producción nutrida y la misma «terribilitá» de siempre,
Dejá tu comentario