Ideth Enright, Dolores Ocampo y Cecilia Rainero (con Héctor Bordoni en
diversos estereotipos masculinos) seducen al público con sus dotes
humorísticas en «SEX según Mae West», del nada ortodoxo dramaturgo
alemán René Pollesch.
«SEX según Mae West» de R. Pollesch. Dir.: L. Cáceres. Int.: I. Enright, D. Ocampo, C. Rainero y H. Bordoni. Vest.: P. Uría. Dis. esc.: A. Garbellotto. Ilum.: M. Rugiero. (Teatro ElKafka).
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El autor y director René Pollesch (1962) es de los que piensan que toda rebelión debe empezar por el lenguaje. Sus textos dramáticos no parecen escritos para la escena y a veces cuesta mucho seguirlos por lo enmarañado de su discurso, una suerte de collage ideológico con frases disparadas a toda velocidad. Pero a este niño terrible de la nueva dramaturgia alemana eso no le preocupa, su gran sentido del espectáculo le permite seducir al público y convencerlo de que, en medio de toda esa verborragia, va a poder extraer algo.
En «SEX según Mae West», tres mujeres discuten acaloradamente sobre el capitalismo y su influencia en la vida privada relacionando sexo y economía, amor con mercado libre. Cuestionan los roles sexuales, pero están muy confundidas («¡La subjetividad en forma de hombre o mujer te la regalan! Y como siempre, a uno le regalan lo que no quiere tener»). Su mayor dilema es cómo poder manejar sus deseos y sentimientos para volverlos tangibles y así poder apropiarse de ellos. Sospechan que la única solución es convertirlos en productos de mercado: «quiero comprar, no desear», repiten con desesperación. No son personajes con una historia a desarrollar, sino tres conciencias femeninas que ocupan, de manera oscilante, los roles de prostitutas, divas y amas de casa.
La acción se inicia en una pantalla de video. Allí se las ve discutir dentro de un taxi camino al teatro. Pero una vez que ingresan a la sala tampoco resulta fácil verlas en directo, salvo cuando cantan y bailan. En general, trabajan frente a dos cámaras -ya sea en camarines o en otros rincones del teatro-, y cuando aparecen frente al público, lo hacen en planos tan alejados que sólo mirando la pantalla se las puede ver dialogando. En otras palabras, el público está obligado a espiarlas a través de la pantalla, por más que la acción transcurra en vivo, como en los reality shows. Ideth Enright, Dolores Ocampo y Cecilia Rainero gritan sus textos con furia, seducen al público con su porte sexy y sus grandes dotes para el humor, e incluso juegan a ser ellas mismas en un reportaje filmado junto al periodista Osvaldo Bazán.
Pollesch aceptó que esta pieza se estrenara como teatro semimontado dentro del ciclo que organiza anualmente el Instituto Goethe, siempre bajo su supervisión y cumpliendo con ciertas exigencias, como por ejemplo, la inclusión de varios videoclips. Pero más allá de las indicaciones del autor, la versión (ahora sí definitiva) que Luciano Cáceres montó en ElKafka fue enriquecida con un muy buen diseño escenotécnico, a cargo de Agustín Garbellotto, el vestuario de Pepe Uría y los simpáticos números musicales que interpretan las actrices. Otro gran acierto fue la inclusión de una figura masculina (Héctor Bordoni) que -según la ocasión-oficia de partenaire, proxeneta, marido y latin lover; aunque en verdad funciona como un irónico interlocutor que se burla de todo este debate, sin necesidad de palabras.
Nada queda en pie, salvo la figura de Mae West, la actriz que escandalizó a los Estados Unidos con su militanciaa favor del sexo libre y su gran habilidad para lucrar con el tema.
Estas mujeres intentan imitarla en todo pero saben que esa magia sólo puede durar lo que una de sus películas.
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