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Básicamente, su historia relata los efectos de una situación sumamente repetida en las crónicas policiales, la de un adulto que «molesta» a una adolescente. Sin embargo, la reacción de la víctima, santa o no, difiere de lo habitual. Hasta donde se puede adelantar sin traicionar la intriga, Amalia no se siente humillada, ni oculta con vergüenza el episodio, ni mucho menos intenta denunciar al agresor, el doctor Jano. Su intención es redimir a ese hombre, aunque también pueda ser esto un autoengaño.
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