Si aquellos dos jóvenes matrimonios terminaban juntos en una misma cama (sin que al fin concretaran nada), no era por deseos recíprocos y compartidos sino a causa de una complicadísima red de declaraciones y sinceramientos en «grupos terapéuticos», que los iba llevando poco a poco a experimentar esa situación sin la menor convicción, como yanquis probando un mate amargo.
Desde entonces, los tiempos han cambiado, y mucho más aun desde los años de
Simplificando: la película sería mucho más transparente, y breve, si los caballeros, Jack y Hank, a quienes les encanta ir a correr juntos, fueran un poco más sinceros y también se acostaran juntos de una buena vez, dejando así en paz a sus respectivas mujeres con tantos rodeos sobre el deseo triangular indirecto, diferido o transpuesto. Caramba, es gente grande. Hay chicos en el medio que observan y sufren, como Natasha, la hija de Jack y Terry, a quien aquél le dice:
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