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16 de febrero 2005 - 00:00

"Melissa P." es persona non grata en su pueblo

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A los 19 años, Melissa Panarello, gracias a sus confesiones sexuales, se ha convertido en una escritora millonaria que, para su sorpresa, es atacada por gente de su generación.

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Bien es verdad que el relato detallado y pormenorizado de sus precoces aventuras carnales (onanismo, sexo oral, voyeurismo, lesbianismo, sadomasoquismo, orgías, intercambio de parejas) convirtieron a la joven, que el pasado 3 de diciembre cumplió 19 años, en millonaria, «Cien cepilladas» lleva vendidos más de 800 mil ejemplares en 25 países.

Pero el éxito también se ha ensañado con Melissa P., haciendo recaer sobre ella los prejuicios de su sociedad, obligándola a huir de la rígida localidad de Aci Casatello que la vio nacer, forzándola a buscar refugio y comprensión en Roma (donde vive desde hace meses con su novio) y llevándola a detener sus estudios.

«Sí, el éxito me ha cambiado», admite abiertamente la Lolita siciliana. «Abandoné la escuela 5 meses antes de graduarme y me tuve que trasladar a Roma, dejando la casa de mis padres». El triunfo arrollador de su libro ha convertido a Melissa P. en persona non grata en Catania, dado lo mal que la ciudad del sur de Sicilia, junto a la cual la joven vivía, ha digerido la publicación de sus escandalosas aventuras sexuales.

«Ahora veo a Catania como un enorme ataúd oscuro», sentencia Melissa P. dando rienda suelta a los sentimientos que le inspira la tierra de sus orígenes. «Cada vez que volvía a casa de mis padres de regreso de un viaje y el avión estaba a punto de aterrizar, me ponía enferma.

Sé que es una cuestión personal mía, porque Catania es una ciudad bellísima, pero no tal y como yo la percibo. Al presentar mi libro en la Universidad de Catania resulté agredida: sólo me dejaron hablar durante un cuarto de hora. Finalmente, me vi obligada a abandonar el acto: cada cosa que decía era recibida con silbidos y abucheos. Eran sobre todo los más jóvenes los que me atacaban, tienen una visión de la vida absolutamente monocromática o, tal vez, porque a pesar de que han hecho el mismo recorrido que yo no tienen el coraje de reconocerlo».

Melissa se ha convertido para muchos italianos en una especie de vergüenza nacional, en una persona repudiada y odiada. Mientras el resto del mundo se inclina ante su valentía y su talento como escritora, en su tierra natal son muchos los que ponen en tela de juicio sus dotes literarios (se la ha llegado a acusar de no haber sido ella quien ha escrito su obra) y son más los que la desprecian por la vida licenciosa y desenfrenada que ha llevado, la sola mención de su nombre basta para desatar una oleada de ataques contra su persona.

Véase si no: cuando la conductora de «Domenica Inn», programa por excelencia de las tardes italianas de los domingos, tuvo la irónica ocurrencia de anunciar la posibilidad de que la joven escritora fuese entrevistada durante la emisión automáticamente, el Observatorio del Menor y la Asociación Nacional de Sociólogos pusieron el grito en el cielo ante lo que no era más que una broma. «Una broma que se burla de la ley y de las asociaciones de protección al menor», clamó Antonio Marziale, presidente del Observatorio de los Derechos del Menor. «Un caso literario que se sustenta sobre la pedofilia no puede constituir, a pesar del éxito de ventas que ha tenido, materia ni siquiera de chistes». «En unos días en los que desde el presidente de la República, Carlo Azegli Ciampi, hasta Juan Pablo II hablan de protección a la infancia, la broma de Domnenica Inn resulta de pésimo gusto», afirmó Elisabetta Scala, responsable de una asociación de telespectadores.



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