El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Desde el año pasado las discográficas empezaron a usar la misma estrategia de marketing para asegurarse que artistas más populares no dejen de vender discos, aun en el caso tan habitual de que luego de varias décadas sus canciones y álbumes no resultaran tan inspirados ni originales. Esta nueva moda redituable es aprovechar cualquier efemérides para grabar discos que, sin dejar de ser parte de la discografía de la banda o artista en cuestión, traigan como novedad la presencia de bandas famosas de los estilos más variados interpretando covers de algún álbum icónico. Lady Gaga, Moby y hasta Elvis Costello, que le dio sus canciones más famosas a cantantes hispanoparlantes como Fito Páez,
Metallica también aprovechó esta idea para seguir ganando fortunas con temas viejos, y lo hizo con tal gigantismo y egotrip que hasta podría resultar antipático y fanfarrón. Este autohomenaje a su disco más famoso, el “Disco negro” -ese no es su título, pero como la portada es un fondo sin más, se fue llamado así, en oposición al “White Album” de los Beatles- acusa un toque megalómano; las versiones de los temas del disco original siguen el mismo orden pero no en solo un disco sino en un box set de cuatro, y con cada track repetido cuatro o cinco veces a cargo de los distintos homenajeadores, entre los que hay un grupo de músicos heterogéneos que van desde Juanes a Elton John o Weezer.
D.C.
=“The Metallica Blacklist” - EMI 045.
Dejá tu comentario