Aunque no esquive algunas escenas de lágrima fácil, El fiscal, pese a su caracterización en pantalla, no es el villano habitual ni el representante de ese mundo cruel y discriminador: sus argumentos, cuando sostiene la imposibilidad de que un minusválido mental continúe haciéndose cargo de la crianza y educación de su propia hija sin que ésta corra serios riesgos, son contundentes e irrebatibles. Desde luego, el corazón, y el público, están del lado de Sam, pero la razón del lado de los acusadores, tal vez más allá de las intenciones del guionista.
En ese sentido, la película podría haber crecido mucho más si el personaje de la representante de Sam, la abogada top Rita Harrison (
Más allá de esto, la película puede jactarse de toda una serie de hallazgos y observaciones afinadas sobre esta tormentosa relación padre-hija. La impecable actuación de
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