La voz de «La Voz» acompaña a los visitantes de la muestra como un símbolo de aquella edad perdida.
No es extraño que el curador milanés haya concebido la exposición en un sótano, recubierto de paredes negras, al que se accede después de haber recorrido impacientemente los peldaños de una escalera caracol. Podría tratarse de una cámara funeraria, de un templo pagano. Podría tratarse de
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