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9 de enero 2003 - 00:00

"Mini espías 2"

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Escena del film


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Peor todavía, ya pareciera estar tentando una continuidad como «soap opera» televisiva. En materia de aventuras, ahora los hermanitos Cortez viajan en submarino hasta una isla tan perdida que ni siquiera figura en los mapas, enfrentan unos monstruos tipo
O, dicho de otra manera, como guiño de «soap opera», viven sus previsibles y siempre agradables andanzas con abundante promoción de futuros juguetes y muñequitos, disfrutan con sus abuelos (también espías), resuelven cierto problema con otros dos hermanitos que han salido a competirles, y evitan que el padre de estos le serruche el piso al padre de ellos, y de paso se apodere del mundo, gracias a un disco energético que nadie sabe bien de dónde salió ni cómo funciona, pero tampoco importa.

Ese disco es apenas una excusa para vender muñequitos. Como film de aventuras, los niños pueden disfrutar variadas sensaciones de vértigo, paisajes exóticos, y unas peleas con bichos híbridos y esqueletos que son un claro homenaje a los viejos maestros de efectos especiales,
Hay además, pero no sabemos si deliberadamente o por torpeza, unos curiosos saltos de continuidad que de algún modo reproducen la experiencia de leer una novela con páginas faltantes (quizá la intención fue provocar el mismo tipo de ansiedad en los pequeños espectadores, o acaso es simplemente una pifia). Como juego burlón con espíritu de pantalla chica, los guiños van mas allá, hasta objetar incluso la moral del oficio de espías, el nivel mental del presidente, y el propio genero del relato, o los géneros. Y tiene una moraleja bien de televisión americana, en el subtema de la aceptación del yerno latino, por parte de los suegros, que ya son «wasp» consagrados -aunque el suegro estée a cargo de

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