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12 de julio 2007 - 00:00

Moretti menor y sólo para consumo italiano

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Silvio Orlando es el productor decadente al que le llevan un guión que caricaturiza a Silvio Berlusconi (primer ministro al momento del rodaje) en un film que, como mucho, pudo ser adecuado para su discusión en Italia.
«El caimán» (Il caimano, Italia-Francia, 2006, habl. en italiano). Dir.: N. Moretti. Guión: N. Moretti, F. Piccolo, F. Pontremoli. Int.: S. Orlando, J. Trinca, M. Placido, J. Stuhr, N. Moretti.

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Cuesta entender que esta obra haya ganado los David de Donatello a mejor film, director, actor, productor, música y sonido, y se perdiera por poco otros seis premios, incluyendo el de mejor guión. O la cosecha 2006 del cine italiano estuvo demasiado floja, o entre los votantes ha primado una especial simpatía, que a nosotros nos resulta ajena.

De hecho, el tema es muy italiano, y era de factura urgente, ya que (aunque el autor lo niegue) procuraba incidir en los comicios del año pasado ofreciendo una nueva caricatura del dirigente conservador Silvio Berlusconi. Lo que es innecesario, porque él ya parece una caricatura viviente, según se advierte además en unos registros televisivos que figuran en la película, pero, en fin, acá también hay un imitador suyo. Por suerte, o por desgracia, porque tampoco se luce mucho, también hay otra cosa.

Esa otra cosa es el personaje protagónico, un buen hombre coherentemente llamado Bonomo, productor en desgracia de pasatiempos de otros tiempos, como una película de piratas hecha en una piscina hoy vacía, o un «Maciste contra el Dr. Freud» cuya sola mención ya nos pone felices. A él, que encima está en crisis conyugal, se le pega una aspirante a directora con el proyecto de filmar la carrera de un triunfador igualito al entonces primer ministro, que culmina bajando en helicóptero en medio de una cancha. El hombre lee el guión como lo leen ciertos productores acá también, y le dice tremendamente entusiasmado a un financista: «¿Cuánto hace que no se filma una escena con helicóptero en Italia?». Ahí recién descubre que no se trata de una de acción, sino de una denuncia política. Pero igual quiere volver al cine, y volverá, haga esto o «El regreso de Cristóbal Colón». Silvio Orlando le da una linda carnadura, Michele Placido hace muy bien el personaje de un actor que sólo se ve a sí mismo, Jerzy Stuhr es un distribuidor polaco que vive burlándose de la «Italia de opereta» que le da de comer, el venerable Giuliano Montaldo tiene un cameo como director de la cinta de Colón, y, cuando la chica al fin empieza su película, el propio Nanni Moretti termina representando el lado menos divertido de Berlusconi, el que se lleva todo por delante y enfrenta a los votantes con la Corte Suprema. Y así como lo del productor berreta era un homenaje a los inocentes del negocio, esa otra parte es un homenaje al potente cine político italiano de los '70. Sólo que Moretti, por más que ponga cara de malo, apenas alcanza para maniático rezongón, no mete miedo, y entonces el final, que estaba bien pensado, y que debía sonar como un fortissimo, apenas da para un moto perpetuo. Encima, ni le saca el jugo a ese mundo del cine dentro del cine, que por ahí deja perdido en unas escenas inconducentes, ni saca suficiente chispa como sátira política.

En resumen: un Moretti de trascendencia apenas local, incluso por debajo de «Aprile» (que, de paso, también recibe su homenaje, con un momento donde todo parece ir bien, y todos se balancean felices preparando la película de la chica, igual que los del musical troztkysta de «Aprile»).

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