La obra plantea el uso de recursos vocales sutiles y una cantabilidad en ajustada proporción a las necesidades de expresión teatral; su riqueza polifónica como sustento y su melodismo exquisito y comunicativo la convierten en un milagro estético.
Pero sucede algo muy extraño con la actual versión en el Colón, casi como con la escultura de
En la medida en que trascurrían las horas de representanción los espectadores se fueron acostumbrando a las asperezas vocales, a las actuaciones titiritescas, a las condesas con modales ordinarios, a las doncellas con modales refinados, a una orquesta que para poder sobrevivir eligió la cuadratura, a un vestuario y un maquillaje inexplicable, a personajes tan parecidos entre sí que el escenógrafo, seguramente para ayudar a la diferenciación, colocó carteles naives con el nombre de cada uno.
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