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18 de julio 2006 - 00:00

Muestra en Madrid del excelente Manolo Valdés

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La retrospectiva de Manolo Valdés, en el Museo Reina Sofía, abarca 25 años del artista valenciano que, en 1988, trajo al Museo de Bellas Artes sus inconfundibles esculturas en madera.
El Museo Reina Sofía de Madrid acaba de inaugurar una muestra retrospectiva que abarca veinticinco años de trayectoria del artista valenciano Manolo Valdés, que van de 1981 a 2006. Para Tomás Llorens, director del Thyssen Bornemisza, «La defensa de la pintura, la defensa de la visualidad, el elogio del oficio y una reivindicación de la condición especular de la creación artística, su vocación de reflejar el mundo que se extiende a su alrededor, son los rasgos que caracterizan, frente a otros territorios transitados por otros artistas, la patria final de adopción de Manolo Valdés».

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Valdés (1942) Inició su actividad artística en 1964 cuando -junto a J. Marí, Rafael Martí, Carlos Mensa, Ana Peters, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo-, integró el grupo « Estampa popular», que recurrió a imágenes mass media y utilizó el grabado como soporte. Luego de cuatro presentaciones, cuando al año siguiente el grupo se disolvió, Valdés participó con Solbes y Toledo en el XVI Salón de la Jeune Peinture de París. A partir de entonces los tres artistas formaron el «Equipo Crónica», que se caracterizó por su adhesión al Pop-art. En 1965, con la separación de Toledo, el grupo se deshizo. Pero Valdés y Solbes continuaron trabajando juntos, hasta la muerte de Solbes a fines de 1981. Realizaron series en torno a sus reflexiones sobre el hecho artístico y su crítica a la sociedad en los últimos años de la dictadura franquista.

En 1972, lo conocimos en el «Encuentro de Pamplona», donde coincidieron artistas internacionales y músicos como John Cage y La Monte Young, entre otros. En ese evento, el «Equipo Crónica» ayudó a organizar la resistencia contra la cultura oficial. En la Plaza Principal se presentó un enorme inflable diseñado por el arquitecto Oriol Bohigas, que cuando se autodestruyó, dañó los trabajos de los artistas argentinos que participaban.

«Esta exposición se remonta tan sólo a aquel dramático tiempo, duro sin duda para Valdés, tanto en lo personal como en lo profesional, en el que por fatales circunstancias de la vida, se vio obligado a empezar de nuevo en solitario, cuando el 'Equipo Crónica' se había convertido en un referente para toda una generación», señaló la curadora de la muestra, María José Salazar. Por ello, la exhibición en Madrid exhibe su trayectoria desde la presentación en la galería Maeght de Barcelona, al lado del Museo Picasso, en 1982, hasta sus trabajos más recientes, como «Two gray cones» o «Mujer con abanico» (2006) que se exponen por primera vez.

La exhibición (más de ochenta pinturas, esculturas y obras de papel) fue organizada en ocho temas: el paisaje, el retrato, la naturaleza muerta, el desnudo, lo religioso, lo cotidiano, lo velazqueño y lo monumental. Aunque siempre ha pintado, desde los años '90, se centró en la realización de esculturas en madera, que expuso en Buenos Aires, en el Museo de Bellas Artes (1998), gracias a los buenos oficios de Consuelo Ciscar, hoy directora del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), que tiene en su colección muchas obras del «Equipo Crónica». Sus Bibliotecas son operaciones de alquimia que se suceden hasta la terminación de la escultura.

Al comienzo, el artista tan sólo dispone de maderas verdes: los cortes, el pulido, la formación de los libros y los estantes, equivalen de algún modo a los arduos trámites de su pintura.

Sin embargo, sus personalísimas esculturas no ocupan el lugar capital de sus óleos. El mismo lo ha dicho: «Tengo ya tal deformación que lo veo todo a través de las imágenes de la pintura. A mí me gusta la gente si se parece a un cuadro que he visto, ya acabo viéndolo todo con esa deformación. Con la serie de la lluvia, que hice en Valencia, pasé veinte o veinticinco días. Había llovido pero nunca miré la lluvia».

Valdés ha declarado, por eso, que su trabajo es observar. En la calle: gentes, vidrieras, edificios. También en las galerías, en los libros de arte y en los museos. En 1989 se trasladó a Nueva York, en las cercanías del Metropolitan, que no ha dejado de visitar cotidianamente, como lo hacía en España con el Prado. En el año 2000, regresa a España y alterna sus estancias en Madrid y Nueva York. En contacto con los artistas de la gran manzana amplió el tamaño de sus obras y retornó a las imágenes de los mass media.

«Al igual que la literatura viene de la literatura, la pintura viene de la pintura» señaló. «Mi labor se inspira siempre en obras que me gustan. Mejor dicho, vivo a través de ellas. Cuando observo las caras de la gente y sus perfiles, pienso en cuadros. Si me como una manzana, pienso en Cézanne. Si compro flores, elijo girasoles porque acabo de ver a van Gogh en el Metropolitan». La pintura es para él, como escribía Charles Baudelaire, -el gran poeta y crítico de arte vigente por más de cien años-, una continuidad ininterrumpida, es heredero y, a la vez, acuña legados. Un estudioso se ha referido a que su obra es «un arte de la apropiación». «La pintura sale de la propia pintura», resume Valdés.

De ahí que, cuando acude a Velázquez o Zurbarán, a Tiziano o Rembrandt, a Ribera o Goya, a Picasso o Mondrián, no haga Valdés ni citas, ni imitaciones ni copias sino su propia obra. Realizó reinterpretaciones singulares y audaces, de telas de pintores célebres, como si las completara por su cuenta. Esos maestros son «un pretexto», según Valdés (el término latino procede del verbo que significa «poner delante»). Pero el artista, ahora, es él. Así, nadie confunde a Valdés con sus fuentes, porque éstas dejan de serlo apenas aplica la espesa materia sobre la tela y se lanza a una tarea creativa y también creadora.

Valdés ha comentado con cierta ironía que en Italia le dicen que su pintura matérica recuerda a la de Alberto Burri; en Francia, a la Jean Dubuffet, y en España, a la de Antoni Tàpies, Antonio Saura o Manuel Millares. «No sé, yo no me doy cuenta -replica Valdés-. La verdad es que no hago estrategia cuando pinto. Uno evoluciona hacia lo que le pide el corazón o lo que quieras, el conocimiento. Tampoco sé hacia dónde voy, si terminaré haciendo pinturaplana». En una entrevista relató cómo elabora sus óleos -su «pastorrón», como él lo llama-, alista sus soportes y boceta sus imágenes. Sin embargo, el largo proceso de pintar no es una respuesta automática a lo que ha concebido. Su obra empieza exactamente cuando él comienza a hacerla, por más proyectos que tenga esbozados con anterioridad.

«Siendo, a la vez que artista, un admirador del arte moderno y de la cultura popular, la naturaleza interna de Valdés lo ha empujado a jugar con sus materiales, a unir imágenes y recuerdos con una libertad singular.», escribió el curador Dan Cameron.

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