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9 de febrero 2007 - 00:00

Muestra madrileña valoriza el retrato con Picasso como centro

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Desde esta semana y hasta el 20 de mayo, el viajero podrá visitar en Madrid la muestra «El Espejo y la Máscara-El Retrato en el Siglo de Picasso» que presentan el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid. La exposición fue organizada conjuntamente con el Kimbell Art Museum de Forth Worth (Texas) donde será exhibida entre junio y septiembre de 2007. Reúne 150 retratos de 60 artistas provenientes de colecciones particulares, museos y fundaciones de todo el mundo que han prestado los cuadros y algunas esculturas que enriquecen la visión del género respecto a la colección del Museo, muy bien representado y que ha protagonizado importantes exposiciones en los últimos años. Por ejemplo, Rafael, Memling, Kokoschka e importantes capítulos como Sargent/Sorolla, die Brücke, entre otros.

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A lo largo del siglo XX se produce una crisis de identidad del hombre moderno, así como de la confianza del arte en la verdad de sus imágenes. La insistencia en que el arte debe ser algo distinto de la naturaleza, incluso antagónico con la idea de parecido-razón de ser del retrato-, puede llevar a pensar que el género tendría poco interés para el arte no mimético de la modernidad. Pero no fue así si se considera la lista de artistas que han trabajado este género, todos ellos presentes en esta exposición dividida en 11 capítulos en un marco cronológico en torno a los años de actividad del gran retratista del siglo XX: Pablo Picasso. En las salas del Museo ubicado en el Paseo del Prado, el recorrido se inicia con los pioneros del retrato moderno. «El Artista frente al Espejo» incluye obras de Cézanne, Gauguin y Van Gogh, los primeros que reflexionaron sobre el género, retratándose a sí mismos, lo que les permitía, frente al espejo o utilizando la fotografía, experimentar nuevas técnicas y lenguajes artísticos. Hay en este primer recorrido algunos autorretratos de Picasso, Munch y Beckmann. «Gesto y Expresión»: la necesidad de representar la psicología del retratado motivó un cambio radical, se acentúa entonces la importancia del gesto, la postura, la actitud, el movimiento, una manera de comunicar un mensaje o sentimiento. Los máximos representantes de este nuevo lenguaje se encuentran en la Viena de principio del siglo, Kokoscka, Schiele y Klimt.

«Colores Modernos» remite a la fuerza del color como medio para dotar al retrato de un aura simbólica que elevaba al individuo a la categoría de «tipo». En este capítulo hay obras de los jóvenes expresionistas de entonces, Kirchner y Jawlensky, que seguían los aportes de Van Gogh, así como los fauves, Matisse o Vlaminck. «Máscaras de lo primitivo» analiza los retratos de Madame Cézanne en los que el ser humano era despojado de toda elocuencia expresiva para convertirse en un auténtico monumento de piedra que junto a la influencia del arte primitivo, sirvieron de modelo a Matisse y Derain, pero también a Modigliani, Rousseau o Picasso, quien sustituiría los rasgos de la cara por una máscara de facciones abstractas, abriendo así el camino hacia la consolidación del retrato moderno.

«El Espejo Roto» es un muy importante segmento dedicado a la etapa cubista de Picasso y otros como Braque, Gris, Severini que fragmentaron a sus personajes aunque manteniendo la disposición vertical y la posición propias del retrato convencional. Aquí se comprueba cómo las vanguardias se imponen y relegan a un segundo plano la identidad del retratado. Se está a un paso de la abstracción. Tras la Primera Guerra Mundial, muchos artistas vanguardistas proponen una vuelta a la figuración, recuperando muchas de las convenciones del género. Otra Vez Picasso con obras realizadas en el período de entreguerras, también Matisse, Dalí, Lipchitz, Severini. Otros artistas lo hacen con un nuevo enfoque, mostrar la imagen de la sociedad moderna de acuerdo a la inestabilidad de los tiempos, entre ellos, Grosz, Beckmann, Dix, Schad, Balthus,Freud que recuperan la figuración y no desdeñan el retrato por encargo, así está conformado «El Imposible Retorno a lo Real».

El apartado «Sueños y Pesadillas» contiene toda la carga del Surrealismo en los retratos simbólicos de Miró, Dalí, De Chirico, o Frida Kahlo, que concluye con los autorretratos de KTMthe Kollwitz y Felix Nussbaum en los que se refleja la pesadilla vivida ante la amenaza del nazismo.

En las salas de la Fundación Caja Madrid (Plaza de San Martín) se comienza por «Identidades Metafóricas» un conjunto de retratos y una escultura realizados por Picasso en los años centrales del siglo XX. Las obras de Dubuffet, Giacometti, Saura, interpretan el retrato mediante la distorsión de las figuras. No podía estar ausente «La Nueva Imagen del Hombre» encarnada por uno de los artistas más conmovedores de la segunda mitad del siglo XX, Francis Bacon que logró mostrar la alienación del hombre contemporáneo, su cuerpo en vías de disolución, el sujeto aislado dentro de un espacio. Perteneciente al entorno de Bacon es Lucien Freud que representa la soledad de la existencia humana a través del desnudo, para este artista la carne es el elemento que materializa y define el retrato.

En el último tercio del siglo XX se asiste a una interpretación del retrato como consecuencia del replanteamiento del género desde la versatilidad de los lenguajes pictóricos contemporáneos. Se eligió a David Hockney, descripto por Robert Hughes como alguien dotado de una gran habilidad pictórica y una total indiferencia, por supuesto en su obra, por mostrar el lado oscuro de la experiencia humana. Se incluye a Andy Warhol, artista emblemático de una era, los '60, en la que el mundo del arte comenzó a convertirse en el mundo de la industria del arte. Este capítulo cierra con la obra de Ronald Kitaj nacido en Estados Unidos pero que eligió Londres para vivir y continuar su educación artística. Su preferencia por la figuración constituyó una suerte de resistencia al arte abstracto americano dominante de ese entonces.

Escribe Laura Feinsilber

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