«Nacido y
criado» tiene
buen inicio y
buen desenlace,
pero en el medio
hay demasiados
tiempos muertos
y varias
desproporciones
en el relato, que
hacen extrañar
al Trapero de
films anteriores.
«Nacido y criado» ( Argentina-Italia-G.Bretaña, 2006, habl. en español). Dir.: P. Trapero. Guión: P. Trapero, M. Rulloni. Int.: G. Pfening, F. Sequero, M. Guzmán, T Lipan.
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Empieza bien. Vemos unos momentos de envidiable vida de hogar de un hombre bien establecido, buen esposo, buen padre de una nena simpática y llena de vida. Luego se van de viaje en auto, la nena se pone fastidiosa, él maneja el auto pero no sabe manejar la situación, se distrae, ya se sabe. Toda esa parte está bien llevada.
Luego el hombre reaparece como simple empleado de un aeropuerto perdido de la Patagonia, donde a cada rato se cancelan los vuelos, hay poco quehacer, y él tiene bastante que ocultar. Esconde su pasado a los compañeros de trabajo, y trata de reprimir su dolor, pero no puede. A punto de volverse loco, deberá asumir ciertas responsabilidades. El desenlace es bueno. Con pocos trazos, vuelve al nivel del comienzo, y lo supera. El problema es que entre medio hay como un exceso de tiempo libre.
Cabe objetar, asimismo, algunadesproporción con el relato cuando se emplea música ampulosa, o cuando los protagonistas hacen unos gestos heroicos, de cazadores de caza mayor, para apuntarle a un conejo, y cosas similares, pero el asunto se compensa con otros momentos más interesantes, en tono menor, algunos de ellos a cargo del conocido músico jujeño Tomás Lipan. Sólo dos películas ha integrado hasta ahora: «El destino», de su paisano Miguel Pereira, todavía sin estrenar, donde también se luce, y ésta, dondeda gusto ver cómo interpreta a un borracho tratando de caminar derecho, o a un indio que llora en la cantina por su mujer enferma, pero prefiere seguir en la cantina que ir a verla.
Del resto, pueden apuntarse una escena de trío sexual con fondo de quinteto vocal, la buena fotografía, y varios otros atractivos. La obra tiene sus méritos, y una razón de ser que se aprecia en el final, pero, la verdad, su autor, Pablo Trapero, ha hecho cosas mucho mejores.
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