"Niños del hombre"

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«Niños del Hombre» (Children of Men, Gran Bretaña-EE.UU., 2006, habl. en inglés) Dir.: A. Cuarón. Int.: C. Owen, M. Caine, C. Ejiofor, J. Moore, C. Hunnam, C.-H. Ashitey.

Entre tanta variante de film futurista, este aporte de Alfonso Cuarón es uno de los más audaces, fuertes y perturbadores. Entre sus varias cualidades, merece destacarse su capacidad para presentar imágenes y escenarios tan cercanos y realistas como para que el angustiado espectador no pueda considerarlas parte de una película de ciencia-ficción.

Gracias al éxito de su «Harry Potter», el director mexicano logró manejar un gran presupuesto para adaptar una novela de P.D. James sobre un mundo desolador (en el año 2027) con ecos de clásicos del género como «Cuando el destino nos alcance», sólo que partiendo del concepto de alejarse lo menos posible de imágenes y conflictos actuales. El resultado es una muy buena pelicula, contundente, original, y con mucho que decir.

La historia transcurre en un mundo acabado en el que sólo queda en pie Inglaterra, estado totalitario dedicado a oprimir inmigrantes ilegales y combatir no menos feroces terroristas. Toda esta iolencia es en vano: la raza humana es estéril desde hace casi 20 años, y no hay esperanza de que la ciencia pueda revertir este triste fenómeno. La pelicula demora un poco en empezar, intentando describir el panorama antes de hacer detonar una trama que no da tregua. El asunto consiste en mostrar a un hombre común y corriente (Clive Owen) y convertirlo en único protector de una inesperada mujer embarazada y a punto de parir.

El experto en ultraviolencia John Woo se despidio de Hong Kong con el larguísimo tiroteo en la nursery de «Duro de Vencer» («Hardboiled»), pero ese único antecedente no puede compararse con un drama jugado en serio de principio a fin, en donde la estética de la crueldad no es un simple alarde de estilo, sino la esencia de lo que se narra. El crescendo violento de Cuarón es algo único, y si su desenlace no está a la altura de las perturbadoras escenas previas, no se lo puede culpar, ya que ningún espectador podría soportar más oscuridad.

La puesta en escena es soprendente, Por momentos recuerda al Vietnam de Stanley Kubrick (y a veces se pasa de la raya citando portadas de discos del rock progresivo de la década del 70). Y más allá de un notable papel secundario de Michael Caine, es admirable cómo se las arregla Clive Owen para mandarse una escena más terrible que la anterior.

Un detalle curioso: la película comienza relatando la muerte del hombre más joven del mundo, un argentino de 18 años interpretado (en fotos y noticieros) por un compatriota, Juan Yacuzzi.

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