Pero ocurre, que este hombre tan estricto está enamorado, muy a su pesar, de la bella y seductora Celimena, una joven viuda cuyas artes de seducción figuran, precisamente, entre las actitudes más repudiadas por Alcestes. Esta caída en las redes del amor (esa gran fuerza incontrolable que se burla de la razón) es lo que aporta humanidad al personaje permitiendo que el público se identifique con él y pueda seguir con atención el tema central del clásico: la eterna puja entre las creencias individuales y las necesidades sociales. Pero, a juzgar por los resultados de la versión que acaba de estrenarse en el Teatro San Martín, con dirección del francés
Tampoco resultó oportuna la traslación de la historia al Buenos Aires de 1920, ya que además de no aportar ningún rasgo distintivo (salvo la atrayente escenografía de
Dejá tu comentario