23 de marzo 2005 - 00:00

"No hay que acobardarse ante el teatro clásico"

Daniel Suárez Marzal: «así como los ingleses se vanaglorian de ‘su Shakespeare’, nosotros le tememos a los clásicos españoles»,
Daniel Suárez Marzal: «así como los ingleses se vanaglorian de ‘su Shakespeare’, nosotros le tememos a los clásicos españoles»,
"Yo no pienso hacer una cruzada por el teatro clásico español, pero alguien tiene que hacerse cargo de defenderlo porque si no lo vamos a perder" dice Daniel Suárez Marzal. El director y régisseur siente una profunda admiración por este género, en el que sigue trabajando con la ayuda de reconocidos lingüistas españoles. Este diario dialogó con Suárez Marzal tras el estreno de «Numancia», la obra de Miguel de Cervantes Saavedra que se está exhibiendo en la Sala María Guerrero del Teatro Cervantes con un elenco que integran Víctor Laplace, Rubén Stella, Sandra Ballesteros, Walter Santa Ana, Osvaldo Bonet y Mausi Martínez, entre otros.

«Numancia»
es una tragedia inspirada en hechos que ocurrieron en el siglo II antes de Cristo durante el avance del imperio romano sobre la población de Numancia, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad española de Soria. La puesta de Suárez Marzal participa, además, de la celebración mundial por el IV Centenario del Quijote. La escenografía es de Marcelo Valiente, el vestuario de Mini Zuccheri y la iluminación de Nicolás Trovato.

Periodista
: El teatro clásico en verso siempre es un riesgo. ¿No teme que su obra corra la misma suerte que «La hija del aire», que el año pasado fracasó estruendosamente a pesar de la magnífica puesta de Jorge Lavelli?

Daniel Suárez Marzal: «La hija del aire» era un bellísimo espectáculo, fui a verlo tres o cuatro veces. El texto es extraordinario, pero antes tendría que haber sido revisado y actualizado. Eso es algo que yo vengo haciendo desde hace tiempo en España con profesores de la Universidad de Alcalá de Henares, porque allá no se da ninguna obra en la Compañía de teatro clásico si antes no se retoca el texto. Cuando estrené en Buenos Aires «La vida es sueño» también hice un trabajo de actualización. Es algo que hay que hacer a pasos agigantados porque sino nos vamos a quedar sin los clásicos. Así como los norteamericanos guapean con « nuestro Shakespeare» nosotros deberíamos decir muy orgullosamente « nuestro Calderón», y más aún después de todo lo que se dijo durante el Congreso de la Lengua en Rosario.


P.:
¿Es cierto que se frustró una puesta suya de «La gran sultana» de Cervantes en el Teatro San Martín?

D.S.M.: Sí, a mí se me encargó la adaptación, pero Kive Staiff pensó que, después de lo que había ocurrido con «La hija del aire», era mejor no insistir con otra obra en verso. Por suerte la voy a estrenar con la Comedia cordobesa en octubre. Yo creo que no podemos bajar los brazos y olvidarnos del teatro clásico porque es en verso. Tenemos que trabajar sobre ese verso y lograr que sea comprensible. Los teatros oficiales tienen que defender este importante patrimonio cultural; si no, lo vamos a perder. Así como se está haciendo un esfuerzo tremendo para que Shakespeare siga siendo comprendido, lo mismo debería suceder con el teatro clásico español. Nosotros tenemos una gran literatura de origen español, reconocida como nuestra, pero si no nos atrevemos a tocar estos textos nunca vamos a poder apropiarnos de ellos.


P.:
Además, la tragedia «Numancia» tiene fama de irrealizable.

D.S.M.: Así es y eso me dio más libertad para hacer una versión. Pero toqué poco el verso, solo saqué algo de hojarasca que me permitió reducir la obra a una hora y media. Conservé las líneas fundamentales de la trama sin meterme con su ideología.


P.:
¿A qué se refiere?

D.S.M.: Así como Sancho Panza y Quijote representan dos caras del mundo, Cervantes hace lo mismo en sus otras obras.Aquí pinta una Numancia oprimida que obviamente sería como un Iraq de hoy, pero también pinta el enorme poder de Felipe II a boca llena. Yo creo que un hombre como Cervantes, que luchó en Lepanto y estuvo preso en Argel, no está a favor de la guerra -de hecho mueren los principales de ambos bandos-, sino que simplemente muestra cómo es la realidad.Y esa realidad imperialista no se acababa con Felipe II, como bien lo sabe el público de hoy. Por eso no fue necesario subrayar los puntos de contemporaneidad de la obra, el espectador los va a leer solo.


P.:
¿Qué es lo más atractivo del teatro clásico español?

D.S.M.: Mi defensa del teatro clásico no pasa sólo por un conservacionismo del lenguaje sino también por sus grandes temas. Creo cada vez más en el teatro ritual y cada vez me interesa menos el teatro de entretenimiento. Creo que el teatro tiene la gran voz. Es la voz exquisita que puede seguir hablandode Dios, de la muerte y del hombre. Hay que apostar a estos textos tan valiosos hasta que el público se acostumbre y se deje acariciar por sus versos. No debemos acobardarnos porque tuvimos un traspié de público. No fue más que eso.


P.:
¿Va a dirigir ópera este año?

D.S.M.:Ya hace dos años que el Teatro Colón no me convoca. Pero voy a trabajar en Brasil, en la Opera de Manaos. Me ocuparé de la régie de «La Gioconda» de Ponchielli y de «Fosca» del brasileño Carlos Gomes.


Entrevista de Patricia Espinosa

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