ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

16 de julio 2013 - 12:09

Nueva rivalidad bergmaniana llega a la escena local

ver más
María Onetto: “Todos somos hijos y seguramente el conflicto con los padres es más universal que cualquier conflicto de pareja.”
"Sonata de Otoño" de Ingmar Bergman, previsto para el viernes en el Teatro Picadero, con dirección de Daniel Veronese, promete un duelo interpretativo entre sus protagonistas femeninas, Cristina Banegas y María Onetto, dos actrices de alto voltaje dramático. El guión original de esta obra fue llevado al cine en 1978 por el director sueco, con Ingrid Bergman y Liv Ullman en los papeles centrales.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Charlotte es una pianista con muchos compromisos en el extranjero que, tras siete años de ausencia, acepta la invitación de su hija Eva y se aloja en su casa, sin sospechar que allí se encuentra desde hace un tiempo su hija menor, Helena, una criatura espástica a la que abandonó hace años en una institución. El egoísmo de la madre -incapaz de conectarse con el dolor o las necesidades ajenas- será sometido a juicio por la hija mayor, que sigue desgarrada por sus heridas de infancia.

Completan el elenco Luis Ziembrowski (como Viktor, el marido de Eva) y Natacha Cordova, como Helena. Dialogamos con Onetto, actriz de "La mujer sin cabeza" y la miniserie "23 pares", que viene de protagonizar "Los hijos se han dormido" (una vibrante adaptación de "La gaviota" de Chejov) también bajo las órdenes de Veronese.

Periodista: A Ingrid Bergman le costó mucho entender a esta madre desalmada. Llegó a decirle al director: "No hay personas así, debes estar rodeado de gente horrible".
María Onetto:
También temía que relacionaran esta historia con la de su propia vida, cuando se fugó con Roberto Rosellini y perdió la custodia de su hija. Sin embargo, este fue uno de sus mejores papeles. A mí interesa más su composición que el trabajo de Liv Ullman. Lo veo un poquito enfático. Y su caracterización, con anteojos y el cabello trenzado, me resultó un poco artificiosa. ¡Pero, quien soy yo para hablar de Liv Ullman!

P.: ¿Cómo es esta versión?
M.O.:
El guión de "Sonata" es una mezcla de obra de teatro y relato. La versión que hizo Veronese, bien a su estilo, tiene síntesis y conduce directamente hacia las profundidades de este conflicto, sin eso que él llama "lo teatroso", en referencia a esos soliloquios que a veces solo sirven para un floreo textual pero que no alimentan la acción ni el campo emocional de la obra.

P.: ¿Vamos a sufrir mucho?
M.O.:
Es inevitable sentirse movilizado por la obra. Todos somos hijos y seguramente el conflicto con los padres es más universal que cualquier conflicto de pareja. Guste o, la madre sigue siendo la madre, aunque uno se haya peleado, distanciado o no la haya conocido. Es ese lugar insoslayable con el cual uno se pelea toda la vida o con el que se puede acordar.

P.: Hoy no está tan mal visto que una artista privilegie su carrera artística por sobre sus deberes familiares...
M.O.
: El hecho de engendrar un nuevo ser y arrojarlo al mundo tiene una violencia contenida y genera una demanda del hijo hacia sus padres que puede ser infinita. Uno puede pedirle a sus padres todo, y los padres pueden decir: "yo hice lo que pude". Lo que a uno lo conforta en relación a ellos es poder comprobar que pusieron su mejor voluntad y que aun así cometieron errores.

P.: Pero los reclamos de Eva están más que justificados.
M.O.:
Sí, y ahí se puede empezar a facturar, cuando uno siente que sus padres no ejercieron sus roles por cuestiones egoístas, por amarse a ellos mismos más que a sus hijos. Es casi un deber cultural que un padre ame a su hijo más que a su propia vida, pero ¿cómo se lidia con ese ideal? Es de una exigencia enorme. Tampoco es justo que las personas se vean postergadas en sus deseos de realización individual por estos ideales de paternidad. Volviendo a mi personaje, Eva es una persona que ha quedado dañada de manera inexorable por esa madre tan fría y distante. Pero luego del gran deschave que tienen la última noche, su fijación con ella se despeja un poco.

P.: ¿Charlotte es como Martha Argerich, un monstruo sagrado que tuvo que aprender a convivir con sus hijas?
M.O.:
No tiene ese nivel de genialidad. Pero es alguien que se considera una gran artista y que siempre trabajó en pos de su carrera. Cuando le preguntan: "¿Por qué no viniste en estos siete años? Charlotte contesta: "Estaba estudiando las sonatas de Mozart" y está convencida que es un justificativo suficiente para no ver a su hija. Si uno lo piensa desde el campo artístico yo le diría que hasta lo puedo entender. La potencia que puede tener el arte o la potencia que puede tener Mozart en una persona sensible puede hacer que diga: "Si no soy imprescindible para mi hija, y ella tiene su marido y su vida, puedo no verla, porque a mí esto me toma mucho más."
Entrevista de Patricia Espinosa

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias