26 de agosto 2005 - 00:00

Ovacionó el Colón a una estupenda orquesta rusa

Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. Dir.: N. Alexeev. Solista: E. Virsaladze. Obras de von Weber, Grieg y Berlioz (1er. programa); Tchaikovsky y Shóstakovich (2° programa). (Teatro Colón, 23 y 24/8.)

Para el octavo concierto de sus ciclos el Mozarteum Argentino convocó a la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, el organismo sinfónico más antiguo de Rusia ya que fue fundado por el Zar Alejandro III destinada a la «Capilla Real de la Corte de San Petersburgo», en 1882. Con la Revolución de Octubre de 1917, se transformó en una orquesta estatal. Desde entonces se la conoce como Filarmónica de Leningrado, hasta que en 1991 recibe el nombre actual. Por enfermedad de su director musical, Yuri Temirkanov, su adjunto Nicolai Alexeev, se hizo cargo de la gira que trajo a la orquesta a la Argentina.

El primer programa estuvo dedicado a obras del Romanticismo europeo. Ya desde la obertura de la ópera «Euryanthe», de Weber, la Filarmónica demostró ser una orquesta de fascinante sonoridad y potencia expresiva, cada una de cuyas secciones muestra una perfección en el orden técnico que la vuelven infalible. La tersura del sector de las cuerdas, el brillo y la fuerza de los bronces, la pulcritud de las maderas y hasta la justa y sobria participación de la percusión caracterizan a esta agrupación, que en conjunto posee un equilibrio fenomenal.

Así se la oyó en el Concierto en La menor, Op. 16 de Grieg, donde se lució ampliamente la magnífica pianista georgiana Elisso Virsaladze, otra maestra del ímpetu sonoro y la perfección técnica. El cierre fue con la Sinfonía Fantástica de Berlioz, un paradigma de cómo traducir el feérico universo musical del compositor francés, lleno de sutilezas y recursos dramáticos. El «relato» de la obra se expuso como un monumental cuadro impresionista, con sus atmósferas irreales y oníricas.

En el segundo concierto, dedicado a compositores rusos de dos siglos diferentes, la Orquesta rindió lo más genuino de su musicalidad, lirismo y potencia. El Concierto N° 1, en Si bemol menor, Op. 23, de Tchaikovsky y la Quinta Sinfonía en Re menor, Op. 47, de Shóstakovich tuvieron performances acordes a la grandeza sinfónica de ambas obras. La conducción del maestro Alexeev sigue los caminos de Temirkanov y respeta su estilo de limpieza absoluta en la articulación de los distintos fragmentos orquestales, de pasajes solistas y «tutti» instrumentales con cortes rotundos, planos de singular balance y comunicación emotiva de lo conceptual de cada obra. Tanto director como la solista Virsaladze, que tocó impetuosamente el primero de Tchaikovsky se lucieron en todo su esplendor, por lo que recibieron una ovación por parte del público del Colón. En los bises, con obras de Elgar, Tchaikovsky y Prokofiev, la excelencia de los músicos de San Petersburgo volvió a ponerse de manifiesto con adecuación estilística y hondo sentido poético.

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