23 de mayo 2001 - 00:00

Para admirar al Verdi más puro

Este homenaje a Verdi fue íntegramente instrumental. Sin la distracción del canto, se pudo admirar sus magistrales e impactantes resoluciones armónicas, su orquestación lógica y rimada, la distribución del material temático en la orquestación, su intenso melodismo y dramatismo expresivo claramente expuesto en las oberturas y su habilidad en algunas partituras para la danza, que no son lo más importante de su producción, pero que se escu-charon con interés.

El oficio y precisión del director italiano Massimo Biscardi, y la buena disposición de los sinfónicos, dieron como resultado una agradable velada de homenaje sin otro discurso que el musical.

La sección de bronces tuvo su protagonismo, y se destacó por la corrección de sus intervenciones, sobre todo las trompetas cuando evocaron el «Va pensiero» en la obertura de «Nabucco»; muy buena la interpretación de la obertura de «La forza del destino», sin que ningún accidente alimen-tara la leyenda, al contrario, fue tan aplaudida y vitoreada que los músicos y el director decidieron repetirla.

En un momento de poesía y sentimiento innegablemente latino devino la exhumación de la olvidada obertura de la ópera «I Masnadieri», con un solo de violoncello que volvió a consagrar los méritos de Claudio Baraviera.

En las danzas de la ópera «Aída» se produjeron los desencuentros rítmicos casi caóticos en que caen casi todas las orquestas del mundo, sólo que esta vez no estaban los elementos escenográficos y los extras para distraer.

Ya habíamos apreciado la maestría de Massimo Biscardi hace cuatro años, cuando dirigió obras de Nino Rota. Este discípulo de Franco Ferrara -y director del Teatro Lí-rico de Cagliari, en Cerdeña, donde comparte el podio con Carlos Kleiber y programa las temporadas de ópera-se perfila como uno de los buenos directores de la escuela italiana.

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