14 de mayo 2001 - 00:00

Para disfrutar con los chicos

La idea es buena, porque mezcla lo didáctico con la posibilidad de disfrutar de repertorios a los que no siempre están acostumbrados los chicos y presenta sin acartonamientos a la orquesta sinfónica y a sus instrumentos mientras se interpreta música que va de «El murciélago» de Johann Strauss a «Manuelita la tortuga» de María Elena Walsh, y del «Allegro» de la Quinta Sinfonía de Beethoven a la banda de sonido de «La pantera rosa».

El «leitmotiv» son los animales. Por eso, toda la música elegida y hasta el nombre con que se ha bautizado a la orquesta tienen que ver de algún modo con eso. Más o menos cercanas al repertorio infantil, las canciones -salvo muy pocas excepciones, sólo presentadas instrumentalmente-son en general un buen gancho para mantener la atención de los chicos.

Jorge de la Vega y Ernesto Acher, autores de la propuesta, manejan muy bien su vena histriónica y explotan algunos recursos teatrales que mejoran la comunicación con el público infantil. Pero, aunque este espectáculo tiene muchas virtudes, tiene también sus lados flacos. Sin duda, lo más interesante sucede en la primera parte, con «El murciélago» y la selección de fragmentos de cortinas de cine y televisión («La pantera rosa», «El pájaro loco», «Tiburón», «Faivel Ratonovich», «El zorro», «El cóndor pasa», «El vuelo del moscardón», «La vaca estudiosa». etcétera).

Después, apelan a un recurso que Acher ya viene explotando desde hace mucho tiempo: el de yuxtaponer músicas que nada tienen que ver en su origen. Aquí, el recurso resulta atractivo en su primera versión: cuando mezcla «Las cuatro estaciones» de Vivaldi con «Manuelita la tortuga». Pero luego, la fórmula se repite mezclando la misma «Manuelita» con la Quinta de Beethoven, el ballet «Cascanueces» de Tchaikovski y el «Bolero» de Ravel, con lo que pierde fuerza y sentido. Hasta se escuchó reclamar a algún niño en la platea sobre por qué no tocaban la música de Beethoven tal cual es, siendo que resultaba «mucho más linda» que la versión entremezclada.

El final vuelve a hacerse muy pesado y poco atractivo, con una recreación del cuento sinfónico «Teresa y el oso», que grabó Les Luthiers hace tiempo y que, aunque muy pretencioso, no es uno de los mejores momentos del grupo humorísticomusical. Por último, hay que se-ñalar que a la orquesta y a Acher como director les falta fuerza, un problema que se hace muy evidente en las obras muy conocidas en versiones de grandes organismos sinfónicos y grandes batutas.

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