Martín Kohan (Federación Argentina de Exhibidores Cinematográficos), Pascual Condito (Primer Plano Film Group) y Christian Bozicovich (Village Cines), algunos de los panelistas en la UP.
Este año los cines tuvieron 1,5 millones de espectadores menos que el año pasado (una pérdida de 38%), donde la oferta de cine argentino representa 6% (seis de cada 100 películas que se ven son de producción nacional). La situación, se sabe, es cada vez más grave. Sobre ese tema, además del papel promotor que el Estado debería tener en el cine, los criterios para otorgar subsidios del INCAA, la subsistencia de una industria a expensas de aportes oficiales y la guerra entre productores, distribuidores y exhibidores, se debatió en el seminario internacional «El futuro del cine» realizado el martes en la Universidad de Palermo.
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Sobre la concurrencia en cifras puras, Chistian Bozicovich (Gerente de Programación de Village), proporcionó lo siguiente: los tickets vendidos cayeron de 42,2 millones, en 2004, a 33,2 millones, en 2007. Hasta junio, este año se vendieron 23,5 millones de tickets. En tanto, la facturación global del sector pasó de $366 millones en 2004, a $ 325 millones el año pasado. En lo que va de este año, la facturación llegó a 268,5 millones. Claro, pese a que la entrada promedio ya se acerca, en dólares, a los valores anteriores a la devaluación de 2001 (entre 6 y 7 u$s), en ningún momento se mencionó corregirla.
Los abogados Juan Félix Memelsdorff, Juan Raffo y José Miguel Onaindia (ex director del Incaa) coincidieron en el papel protagónico del Estado en la promoción del cine nacional y marcaron la necesidad de actualizar la ley de cine. «La Argentina produce muchas películas que poca gente ve. Y este es el principal desafío que tiene el cine local para hacer que el sistema sea sustentable en el tiempo», opinó Memelsdorff.
La paradoja de producir cine en la Argentina (más allá de una oferta desmesurada de películas de escaso interés masivo, que pese a su incidencia en la concurrencia a las salas no fue motivo de debate entre los especialistas), radica en su doble juego de ventajas y desventajas: el fuerte del país radica en su buen nivel de profesionales del cine, equipamiento, paisajes y locaciones, diversidad racial -un recurso muy buscado para la actividad cinematográfica o televisiva- y contraestación con el hemisferio norte, pero la principal debilidad es la misma que para el inversor de cualquier rubro, las reglas cambiantes y una actividad que lleva tiempo y se ve afectada por la inflación en pesos y en dólares. También juegan en contra el esquema impositivo y aduanero.
Raffo marcó diferencias con la producción norteamericana, que tiene otra estructura legal y de funcionamiento: «Las películas norteamericanas que llegan a nuestro país hacen una especie de dumping. Los laboratorios envían en régimen de importación temporaria -que no fue previsto para este uso- el internegativo, por lo que sólo pagan 4000 o 5000 dólares. Para enfrentar este funcionamiento patológico se creó el fondo de fomento. Pero el apoyo a la producción se tiene que completar con el acceso de la película a los mercados. Para eso está la cuota de pantalla por la cual las salas tienen obligación de pasar películas nacionales para que el espectador pueda optar. En un mercado que no es el de Estados Unidos tiene que haber una decisión del Estado de apoyar al sector porque los países que no tienen ese apoyo no tienen cine».
Juan Taratuto, director de «No sos vos, soy yo», «Quien dice que es fácil» y «Una novia para mi mujer» (film que llevó 240.000 espectadores en los primeros cinco días exhibición), tuvo siempre buena convocatoria con comedias frescas pero además tácticas de comercialización para films de estas características.
Taratuto expresó: «Existe algo que no tienen los norteamericanos y que tiene que ver con la cultura de cada país. Ellos no son tontos, han intentado producir cine para el mercado europeo y el oriental y no les ha ido bien. Y ahí existe lo que llamo la grieta, que es donde nosotros podemos pensar hacer cine. Es bastante doloroso lo que pasa con el cine nacional, pero pensar que un país tercermundista como el nuestro va a ser del primer mundo y vamos a tener cine como lo tiene Francia es una ridiculez. Tenemos que compararnos con Colombia o Chile, con países como ellos, donde es una suerte que haya cine».
Carlos Mentasti, productor que este año estrenó « Superagentes, nueva generación» con un presupuesto de 4,3 millones de pesos (y sin los resultados de taquilla esperados), opinó: «Hacer cine en la Argentina es un milagro. Las productoras norteamericanas vienen y arrasan con nuestros técnicos, que son de muy buena calidad, porque pueden pagarles en dólares».
Alejandra Ungaro, directorade Industrias Creativas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, anunció la intención del gobierno macrista de crear la Buenos Aires Film Commission para centralizar la información de locaciones, productoras, sindicatos y servicios, e instalar a la ciudad en la agenda internacional de festivales internacionales. Se espera que avancen y no sigan detenidos en el tiempo como con el Colón.
Fiel a su estilo, Pascual Condito, presidente de la productora y distribuidora Primer Plano Film Group, fue tajante: «Tener una película para chicos es el sueño de cualquier distribuidor porque en 15 días te puede salvar el año. Este año tuve una película de chicos, '100% lucha', que tuvo muchos problemas con la exhibición. Cuando hay una ley que dice que la primera semana las películas tienen que cumplir todos los horarios, algunos cines cumplieron, otros menos, otros casi nada, y otros nos masacraron y discriminaron de una forma humillante».
Bozicovich le respondió a Condito: «Hay algunas cosas que dice Condito que son verdad: algunas compañías tratan de buscarle la vuelta para hacer como que cumplen, pero si pueden meter alguna película comercial adicional lo hacen. No puedo responder por esas compañías, pero no es el caso de Village».
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