El trabajo tiene muy buena investigación, narración precisa, ritmo en alza, atento registro de los tiempos (casi cuatro décadas de vida nacional, tres matrimonios, hijos, etc.), meticulosa pintura de una generación nihilista, fuerte crítica a la guerrilla peronista, y un emotivo, y a la vez contenido, punto alto en la breve y pudorosa escena del reencuentro de la hija ya grande con el vecino ya viejo (que planta un arbolito junto a la acequia donde cayó el poeta). Cada tanto, dos artistas recitan fragmentos de sus obras, bien representativos.
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