Recursos de ficción mejoran una biografía

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«El inútil de la familia» de Jorge Edwards. Editorial Alfaguara. Buenos Aires, 2004. 358 págs.

Dispuesto a homenajear la figura de su tío abuelo escritor, el chileno Jorge Edwards creó una simpática biografía familiar, donde luego de oficiar de crítico y exégeta de la obra de su ilustre antepasado, Joaquín Edwards Bello, terminó incluyéndose a sí mismo como personaje. El autor de «Persona non grata», «Adiós, Poeta...» (su personal retrato de Pablo Neruda) y de novelas como «La mujer imaginaria» y «El origen del mundo») que lo hicieron merecedor del Premio Miguel de Cervantes 1999, reconstruye aquí la vida de uno de los escritores más polémicos y contradictorios que haya tenido Chile. Perteneciente a una familia de rancia estirpe, Edwards Bello (Valparaíso 1887- Santiago 1968) fue un hombre aventurero y jugador (dilapidó fortunas) que nunca perdió su alma de niño. Pero si bien alcanzó un gran prestigio literario, sus aristocráticos parientes nunca le perdonaron que se proclamara «ateo y socialista» y, mucho menos, que revelara tan elocuentemente en sus obras los excesos y debilidades de su clase. Novelas notoriamente autobiográficas como «El inútil», «Criollos en París», «El roto» o «La chica del Crillón» escandalizaron a la sociedad chilena de entonces por su encendido erotismo y por la irreverencia de sus posturas ideológicas.

Jorge Edwards
revisa la amplia obra de su tío (cuentos, novelas, crónicas de viaje) sin disimular sus defectos y siempre dispuesto a descubrir qué figura de la época inspiró a cada personaje o qué episodio de la historia chilena le sirvió de contexto. Esa «chilenidad» de la que tanto habla el autor en este libro, a veces con fastidio («No hay país más censor y pacato»), otras con visible cariño por las particularidades de su lengua natal, es el principal punto de identificación con su audaz predecesor. Pero es posible que el lector que no esté al tanto de los personajes públicos y de los sucesos históricos que aquí se reseñan se sienta un poco ajeno a estas memorias ligeramente ficcionalizadas.

«El inútil de la familia»
logra una mayor eficacia cuando pone en funcionamiento los mecanismos propios de una novela. Es decir, cuando los personajes viven sus peripecias ya no como parte de un anecdotario sino como protagonistas de un circuito de vida autónomo, sin importar que éste sea real o ficticio. Tal es el caso de Cuevitas, el amigo afeminado y pobretón que termina casado con una Rockefeller; de Chiffón, la francesita ingenua y pueblerina que hace un papelón en su primera visita al teatro; y de Mayita, la dulce esposa campesina, que acompaña al viejo Edwards hasta que éste se suicida, a los 81 años, incapaz de soportar la hemiplejia que lo tenía postrado desde hacía 8 años. El magnífico final, con los dos Edwards ligados a una siniestra intriga digna de un thriller psicológico, da la pauta de lo bien que le hubiera venido a este material un poco más de ficción literaria.

Patricia Espinosa

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