«A Sangre Fría» («In Cold Blood», EEUU, 1967) Dir.: R. Brooks Int.: R. Blake, S. Wilson, J. Forsythe.
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Las vueltas del destino han convertido a Robert Blake, protagonista de «A sangre fría», en un sospechoso de homicidio que en este momento espera su el final de su proceso. En su caso al menos no le espera la pena capital, tema principal de la legendaria novela de Truman Capote en la que se basa este obra maestra del cine negro, un hito formidable en tres aspectos distintos: es uno de los máximos exponentes del realismo en la recreación de un caso de la crónica negra, es uno de los más sutiles y eficaces films de mensaje contra la pena de muerte, y es un ejemplo del uso expresivo de la fotografía sin apartarse de un estilo naturalista.
La película narra los pormenores de un horrendo y absurdo múltiple homicidio: dos delincuentes inofensivos por separado pero dueños de una temible tercera personalidad al estar juntos, matan a una familia entera para robarle 40 dólares. Luego de la muerte de los reos en el patíbulo, Capote concluye que esa justicia sólo logró matar dos personas más a sangre fría.
El trabajo de Brooks fue transmitir esa idea en imágenes, y lo logró con una obsesión por el realismo que cuidó la puesta al más mínimo detalle, incluyendo utilizar el auténtico lugar del crimen como decorado, que sin embargo no descuidó la profundidad psicológica en las imperdibles actuaciones de Blake y Scott Wilson. La partitura de Quincy Jones aporta mucho clima, pero el mayor logro es del director de fotografía Conrad Hall. D.C.
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