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7 de septiembre 2006 - 00:00

"Regresiones de un hombre muerto"

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Adrien Brody y Keira Knightley intercambian pasado y futuro en «Regresiones de un hombre muerto», curiosa película.
«Regresiones de un hombre muerto» («The Jacket», EE.UU., 2005; habl. en inglés). Dir.: J. Maybury. Int.: A. Brody, K. Kristofferson, K. Knightley, J. Jason Leigh y otros.

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"Regresiones de un hombre muerto" podría ser la primera película de autoayuda fantástica, algo así como: «tú puedes cambiar tu pasado y no te morirás quemado por un cigarrillo». Ese, sin embargo, no es el tema central, sino que la película se ocupa de otro asunto no menos sustancial: las repetidas muertes de un veterano de guerra, que investiga su futuro para esclarecer su presente y algo de su pasado también, por qué no.

El soldado es Adrien Brody, más famoso en Hollywood por el beso en la boca que le estampó a Halle Berry que por su protagónico en «El pianista». En «Regresiones...», Brody fue muerto en Irak, aunque no lo suficiente como para que no regrese a la vida civil, y se vea envuelto en una confusión policial por la que va a juicio, y más tarde a un hospicio mental. Lo acusan de haber matado a un policía y lo internan, no por muerto, sino por loco. El, que lógicamente no sabe con certeza lo que le ocurre, necesitaría volver a encontrar a esa madre y su hija a quienes les arreglóel auto en la ruta para demostrarse que algo de lo que cree que le pasó ocurrió en la realidad. Pero nada es simple para un difunto, y mucho menos en el interior de esa clínica.

El director es Kris Kristofferson, cuyo personaje es un heredero, en versión country, de célebres doctores como Caligari, Mengele y Mabuse: su método para curar enfermos consisteen encerrarlos en nichos de morgue durante varias horas; tal vez, todo es posible, Kristofferson sea el único que se da cuenta de que el desdichado veterano está muerto. Aun así, es muy antipático, todo lo contrario de la doctora Jennifer Jason Leigh, en uno de sus raros papeles en los que no hace de obsesa sexual. Aquí es una médica con conciencia culpable, que le aplica electroshocks a un chico que mira dibujos animados.

Así las cosas, Brody un día se descubre en el futuro, donde aparece el único personaje caritativo hasta el momento, la bonita moza (de bar) Keira Knightley, que tiene ver con la coartada que tanto busca. Pero, ay, ha pasado mucho tiempo, y entonces Brody finge ser sobrino de sí mismo. En fin, hay muchas cosas más de esta naturaleza, pero lo reconfortante es que el mensaje ulterior del film es de esperanza. Algo así como si Brando, al final de «Apocalypse Now», en lugar de leer «Los hombres huecos» le leyera a Martin Sheen los proverbios de Bucay.

M.Z.

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