Rembrandt, la cumbre de un año de aniversarios

Espectáculos

Otro aniversario importante de la Historia del Arte: se cumplen 400 años del nacimiento de Rembrandt Harmenszoon van Rijn, artista de imaginación poética, profundamente interesado en los problemas del dibujo y de la luz como una revelación, del que se cree jamás salió de Holanda, que abandonó Leyden, su ciudad natal, para establecerse en Amsterdam donde logró fama y riqueza. Se calcula que se conservan más de seiscientas pinturas, casi igual numero de grabados y dos mil dibujos pero este tema ha sido objeto de grandes controversias, principalmente su autenticidad ya que tuvo muchos discípulos e imitadores, lo que también significó una gran tragedia para muchos de ellos.

Fue un gran coleccionista y en ocasión de su bancarrota ocurrida en 1656, el inventario de su casa reveló que atesoraba esculturas clásicas, cuadros de Giorgione, Bassano, Rafael, una impresionante colección de grabados de Mantegna, Carracci, Guido Reni y dibujos de antiguos maestros italianos. Es decir que tuvo estrecha relación con el arte de Italia, lo que se puede comprobar en un famoso aguafuerte fechado en 1654 «La Virgen y el Niño con el Gato» al compararlo con «La Virgen y el Niño» de Mantegna que, aunque con variaciones, sigue el modelo con notable fidelidad.

Fue el grabado el que lo hizo famoso desde Holanda al resto de Europa, los coleccionistas los disputaban y hasta Guercino admiraba su técnica. Rembrandt había descubierto un proceso que no compartió con sus discípulos y el secreto murió con él. Por medio del grabado y del dibujo comunicaba su filosofía personal, transformó hechos y emociones pasajeras en un permanente mensaje acerca del significado de la vida.

Como en el caso de
Cézanne, la bibliografía y los estudios sobre su obra son infinitos, por ello, de ese museo imaginario que llevamos a cuestas recordamos el maravilloso cuadro de la colección del Rijksmuseum de Amsterdam, «La Novia Judía», un óleo de 121 x 166 cm. ejecutado en 1665, una obra maestra que apareció a fines del siglo XIX con su nombre actual sin que se haya podido establecer quiénes fueron las dos figuras retratadas. Ambas figuras están de espaldas a una reja o pórtico de jardín. El hombre se inclina hacia su esposa, tiene una mano sobre su hombro, la otra, sobre su pecho, sin mostrar sensualidad, sólo gran ternura. Oros, bermellones, verde bronceado, las joyas son resplandores, el gesto de las manos, íntimo y revelador. En su mano derecha ella lleva un contrato nupcial «Ketubá», un documento solemne que firmará el novio en presencia de testigos y que regula los derechos y obligaciones de la desposada.

El tema judío es recurrente y ha sido profundamente estudiado. Debido a sus pingües ganancias, en 1639 adquiere una hermosa mansión en la Sainte Antonie Breestraat, en el Barrio Judío, pinta la vida diaria con su esposa
Saskia, fallecida en 1642, año en el que el gran cuadro «La Ronda Nocturna» no agradó y en el que comenzaron sus dificultades económicas. Pinta a sus vecinos, parientes, al médico Efraín Bueno, al rabino Saúl Levi Mosteiro y los transforma en personajes bíblicos para los Textos Sagrados, en ellos ve a Abraham, Moisés y hasta Cristo, para cuya imagen posa un joven que nunca fue identificado.

En
«La Madre de Rembrandt» (60 x48 cm.), otro óleo que se encuentra en el Rijksmuseum, el misterioso efecto del claroscuro sugiere la intimidad del lugar en que ella se encuentra. Un rayo brillante de luz bordea la capa y llega hasta las páginas abiertas de un libro y la mano de la mujer, arrugada y venosa. Rembrandt refleja la vitalidad de su madre y su concentración en la lectura del texto.

Rembrandt
murió en 1669 en la pobreza sin haber podido pagar a sus acreedores. Sus biógrafos no tenían muy claro cómo fue como hombre, muy inclinado al lujo y a la extravagancia, pero sí coinciden en su apasionada devoción por el arte, en su búsqueda de la verdad , en el significado de la existencia del hombre.

Dejá tu comentario